Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

El mayor reto de los jóvenes

Cuando se quiere comunicar algo, se debe buscar la manera más sencilla de hacerlo. "Muchas veces, menos es más", me dijo una vez un amigo publicista. Es común encontrarnos vallas en la calle llenas de colochos artísticos que poco o nada aportan al mensaje, incluso, es muy probable que lo distorsionan.

Lo mismo creo que aplica desde cosas cotidianas de la vida hasta complejos análisis de economía. Muchas veces en un estudio sofisticado de economía lo último que puede llegarse a entender es el problema que se está analizando, porque simplemente no se entiende el análisis en sí.

¿Cuántas veces hemos visto o escuchado a políticos otorgar respuestas ultra sofisticadas a temas que no entienden? Que dicen de todo, pero no dicen nada a la vez. En el anterior gobierno, un periodista le preguntó a un miembro del Ministerio de Economía sobre cuál esperaba que iba a ser la tendencia de los precios de gasolina la próxima semana. Su respuesta, la cual no fue en plan de broma, fue la siguiente: "pues mire, esperamos que suban, se mantengan relativamente iguales a esta semana o, bien, esperamos una leve reducción en los mismos".

Dijo de todo pero no dijo nada.

Hace unos días un joven universitario me preguntó: ¿cuál crees que es el mayor reto que nos encontramos hoy los jóvenes salvadoreños? Como por inercia, me puse a hablar de la delincuencia, economía, impuestos, mala administración. Pero luego me di cuenta de que estaba hablando como el de arriba con la gasolina, realmente no estaba diciendo nada nuevo. Entonces me callé y me puse a pensar más en las consecuencias de lo anterior de manera unida, lo que se convierte en un nuevo reto en sí.

Luego de unos segundos de estar dándole vuelta a una respuesta, una que no fuera exclusiva de clase social, ideología política o punto de nuestro país, contesté lo siguiente: el mayor reto que encontramos hoy los jóvenes salvadoreños es el de no perder la ilusión de un mejor mañana.

Tener ilusión en un mejor mañana gracias a nuestro máximo esfuerzo del presente, es la fuente de energía para construir más, aprovechar oportunidades, desarrollarnos como personas y profesionales. Si llegamos a perder esta ilusión sería similar a no querer aprender a ocupar un serrucho, no porque tenga miedo a cortarme, sino porque simplemente no tengo nada qué construir.

El éxito es algo relativo para cada persona y de la misma manera cada uno lo mide diferente. Sin embargo, por el trabajo en el que me desempeño, me toca convivir con todo tipo de jóvenes. Anima a cualquiera ver la cantidad de jóvenes salvadoreños que luchan cada día por salir adelante, ante todas las adversidades que nos encontramos en nuestro país. Pero sería hipócrita no mencionar cómo muchos están perdiendo la esperanza y esto es algo que no debemos dejar pasar bajo ninguna circunstancia.

Esto es como la gallina y el huevo, ¿qué vino antes? ¿Un país con ciudadanos ilusionados por un mejor mañana o un país próspero lleno de oportunidades para todos? La verdad es que es un efecto simultáneo, paralelo; no se puede tener uno sin el otro. Es así de sencillo.

La ilusión de un mejor mañana nunca dependerá exclusivamente de factores externos, sino de la manera que interiormente decidamos confrontar los retos que se nos presenten. A pesar de que se diga más fácil de lo que se hace, la única opción es apostarle a lo mejor. Para atrás, ni para tomar impulso.