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Matar en nombre de Dios

En estos días se ha viralizado la carta que el rabino Mijael Even David publicó en eldiariojudio.com, una página web en la que de manera habitual escriben más de ciento cincuenta columnistas que tienen en común tres cosas: ser judíos, escribir en español y hacerlo con un enfoque crítico, poco conformista.

No leo con frecuencia dicha publicación, por lo que no me atrevería a recomendarla, pero la carta de Even David es de tal profundidad que vale la pena estudiarla con atención.

A raíz de la muerte de Mohamed Abu Jdir, un adolescente palestino de dieciséis años que fue quemado vivo por un piquete de judíos extremistas en una autopista de Israel a principios de julio, en el contexto de la terrible ofensiva que el ejército israelí está desplegando en Gaza, el rabino pone las cosas desde una perspectiva histórica-moral que hace pensar más allá de buenos y malos, de judíos y gentiles.

Basta leer el título: "El día en que me avergoncé de ser judío", para comprender el trasfondo de su escrito. Es necesario advertir que no lo redacta desde una postura ideológica o política, no trata de defender o atacar izquierdas ni derechas (como lamentablemente les ha dado a algunos por aquí, los mismos que identifican a los palestinos con izquierda y judíos con derecha), sino de mucho más.

Trata de despertar un sentido de humanidad profundo, de hacer reflexionar sin aprovecharse de la desgraciada situación de Palestina para llevar agua política a su molino, ni descalificar sin más al adversario. De hecho, después de leer, uno se queda con la sensación de que ha pegado al centro: no habla contra nadie, arremete contra la violencia irracional que invoca el nombre de Dios como justificante de conductas aberrantes.

En pleno Siglo XXI, cuando parecían superadas las guerras de religión, el rabino pone el dedo en la llaga y escribe:

"Hoy nos hemos unido a los fuegos de la peor inquisición. Quemamos personas vivas de una fe diferente a la nuestra y dijimos que es nuestro D's que lo requiere. Hoy nos unimos a las hordas de los cosacos, con odio asesino y salvaje, sin ver al otro, solo viendo que somos diferentes. Hoy nos unimos a los asesinos nazis, matando a un niño brutalmente por su raza y etnicidad.

"Hoy dejamos de ser el Pueblo Elegido, porque para esto no fuimos elegidos. Tal vez necesitemos otros dos mil años de Exilio para recordar quiénes deberíamos ser. Hoy perdimos cualquier superioridad moral que queríamos creer que teníamos. Somos exactamente como ellos. También somos asesinos. Todos nosotros. Los que lo prendieron en llamas, los que gritaron "muerte a los árabes", los que declararon que la Torá nos pide matar y asesinar y vengarnos. Aquellos que vieron todo esto y no hicieron nada, aquellos que mañana aún no harán nada (…).

"En el futuro, cuando estudien las leyendas sobre la destrucción de nuestra sociedad, de nuestro Estado, ellos leerán: 'Por el asesinato, la quema, el salvaje homicidio de Muhammad Abu Jdeir, nuestro Templo fue destruido, nuestra Tierra fue desolada y fuimos exiliados entre las naciones.

"Nunca la paz se vio más lejana. Nunca estuve tan avergonzado de ser israelí. Nunca estuve tan avergonzado de ser judío".

Y yo nunca estuve tan avergonzado de los extremos a los que las ideologías, el nacionalismo, la conciencia de clase, o cualquier idea de esas que se convierten en diosecitos sanguinarios y envenenan la voluntad de los hombres, pueden hacer llegar a las personas si no caen en cuenta de que matar al hermano por motivos de religión, es tan antiguo como Abel y Caín.

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org