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Más que un adjetivo

Siendo psiquiatra, siempre he rehuido el impulso de "psiquiatrizarlo" todo, reducir a un simple esquema conceptual la infinita complejidad de la naturaleza humana. Las etiquetas no me gustan porque las personas son ante todo personas, más allá de que tengan un rasgo especial o una condición patológica. Existe la tendencia, no solo en los campos profesionales sino también en la vida social, de categorizar a las personas y de definirlas de acuerdo a percepciones superficiales o a modas.

Sin embargo, en ciertas circunstancias la categorización es válida pues ayuda a comprender mejor ciertas condiciones y remediar conductas que podrían ser problemáticas. La palabra "bipolar" se ha popularizado tanto que ya es del lenguaje común, y se ha vuelto una moda llamar bipolar a cualquier persona que muestra cambios en su ánimo que no esperamos o nos molesta.

Todos tenemos cambios en nuestro estado de ánimo, y a veces llegamos a tener reacciones emocionales intensas. Eso es normal, especialmente en el mundo ajetreado y tan lleno de acontecimientos en que vivimos. Con tantas cosas que pasan, tanto buenas como malas, lo anormal sería no mostrar emociones y reaccionar con indiferencia.

La bipolaridad, desde el punto de vista médico, es otra cosa. Y debe ponérsele atención ya que de acuerdo a organizaciones sanitarias es una de las condiciones patológicas más prevalentes, y se prevé que en el transcurso de los años se convertirá en una de los principales problemas de salud que afectarán a la población.

El nombre bipolar se tomó en Psiquiatría para sustituir al antiguo "maníaco-depresivo" que llegó a tener connotaciones peyorativas y a ser usado como adjetivo, del mismo modo que dejó de usarse la palabra "neurótico". Aunque, como se dijo, lo de bipolar también se ha hecho de uso común, se sigue usando en ámbitos profesionales.

Los trastornos bipolares son desórdenes mentales graves que afectan la vida anímica de una forma importante. Son condiciones generalmente hereditarias que se caracterizan por episodios depresivos severos que se alternan con períodos de afecto exaltado o euforia. Se han detectado varios tipos. Los más comunes son el Trastorno Bipolar I, el Bipolar II y la Ciclotimia. En el I hay episodios claros de manía y de depresión; en el II se producen episodios depresivos pero en lugar de una clara manía, se produce lo que se conoce como hipomanía, un estado de humor eufórico menos intenso que la manía. Los trastornos ciclotímicos se caracterizan por cambios anímicos frecuentes en ambas direcciones pero que no llegan a tener la gravedad de los anteriores.

No es mi intención hacer un capítulo de libro de texto. Expongo estos problemas por la importancia que implica su detección. Los trastornos bipolares afectan de una forma dramática la vida de los que los padecen y a sus familiares. Períodos de intensa depresión que muchas veces no tienen una causa externa que los explique, y períodos de un nivel de energía fuera de lo normal asociados a conductas extremas con frecuencia inapropiadas, son elementos suficientes para prestarles la debida atención. Son esenciales un diagnóstico oportuno y un tratamiento. Solo así se puede evitar años de sufrimiento y problemas.

Winston Churchill, Abraham Lincoln, Virginia Woolf, Marilyn Monroe, Vincent Van Gogh, Edgar Alan Poe, son personajes famosos que, de acuerdo a sus biografías, sufrieron de bipolaridad. Todos tuvieron experiencias emocionales dramáticas, pero lastimosamente nunca supieron por qué.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.