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Más publicidad, más pobreza

Todos los salvadoreños costeamos nuestra vida con los ingresos que recibimos. Con estos pagamos las necesidades básicas y en caso de tener algo de sobra, lo ahorramos o lo invertimos. En tal sentido, solo si gastamos menos que lo que recibimos tendremos la capacidad de prosperar. 
La mayoría de familias gasta en lo necesario y pasan en una constante lucha por salir adelante. Es por eso que me sorprende la proporción que muchos derrochan en celular. Sin duda, la falta de educación (financiera) es lo que lleva a muchos a gastar demasiado relativo a sus ingresos. Pero aun con tal despilfarro, no vemos a los salvadoreños gastar en publicidad. No vemos a un padre de familia comprar papel y plumones para dejar en la puerta de la casa un rótulo que diga: “soy un buen padre porque hago lo que debería de hacer”. ¿Imagínense lo risible que sería un gasto de ese tipo? A un padre de familia que le cuesta pagar la luz, casa, útiles escolares, comida, etc., ni se le ocurre despilfarrar en un rótulo en el jardín de su casa que diga: “soy un buen vecino”. La razón es muy simple, no hay beneficio alguno para su familia al gastar en publicidad. Sus hijos y sus vecinos se molestarían por semejante desperdicio de dinero. Sin duda se preguntarían ¿a qué obedecen los rótulos y qué es lo que en realidad está detrás de estos mensajes?
De igual forma tenemos que ver el MILLONARIO despilfarro que hacen todos los órganos del Estado. La mayoría de la propaganda es para decirle a la población que están haciendo su trabajo. Lo que es peor, es que sin duda la mayoría de la publicidad puede catalogarse como engañosa, ya que dicen verdades a medias. No solo es un gasto innecesario, si no que trata de manipular la percepción de la población por sugestión publicitaria, en lugar de simplemente hacer bien el trabajo. También está la desproporcional inversión propagandística relativa a la inversión social, obras de infraestructura y demás buenos usos que se le pueden dar a los recursos de los salvadoreños. Es por eso que cuando vemos un anuncio de los diferentes entes del Estado (alcaldías, Asamblea, Presidencia, etc.) solo podemos molestarnos. No es tolerable que en lugar de invertir en seguridad y educación, se hagan anuncios de la inversión que el gobierno piensa hacer en seguridad y educación. Molesta ver a una alcaldía gastar recursos en promocionar las obras que están concluyendo, ya ni mencionar cuando lo que anuncia es el inicio de las obras.
Los incentivos que los gobernantes tienen para despilfarrar el dinero de los salvadoreños son muchos, entre los cuales encontramos encubrir ineficacias, promocionar personajes, apoyar resultados electorales y muchos otros más que claramente no tienen como objetivo beneficiar a la población. Por lo anterior, los ciudadanos debemos de exigir una regulación al gasto en publicidad. En concreto, necesitamos una ley que limite el monto que una institución puede gastar en anuncios de cualquier tipo. Este límite debe de ser tanto un monto fijo como un porcentaje del presupuesto de cada órgano del Estado, el que sea menor. El contenido de la publicidad también tiene que cumplir con las siguientes características: la información es de utilidad para la población y no tenerla potencialmente le puede causar un daño. Sin duda hay algunos anuncios que son de importancia para la población, como cierres de calles, cortes en el suministro de agua, medicamentos no autorizados y similares, que tienen que ser del conocimiento de todos, y que su publicación tienen un beneficio a la sociedad. Pero más allá de esas excepciones, no deberían de realizarse despilfarros en publicidad a costa de los programas sociales e inversión, que ayudan a que salgamos de la pobreza.


*Colaborador de El Diario de Hoy.
@luisportillosv