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No más plástico

Hace 100 años, el supermercado Piggly Wiggly, de Memphis, Tennessee, revolucionó la industria del minoreo. Antes, la mercadería estaba atrás de un mostrador y los clientes le pedían al dependiente lo que querían. 

Piggly Wiggly sustituyó el mostrador por estantes en los que se exhibía la mercadería con sus precios, el cliente colocaba su elección en una canasta, pagaba en la caja registradora y empacaba sus compras en bolsas plásticas. El mismo modelo de negocio al que estamos acostumbrados los que compramos en nuestros supermercados.

Hace 35 años, el supermercado Whole Foods, de Austin, Texas, fiel a su estrategia orgánica en harmonía con el medio ambiente, abrió sus puertas cobrando $ 0.10 por cada bolsa, y lanzó una campaña que impactaba la conciencia ambiental del televidente quien, sin ninguna queja, se acostumbró a llevar sus propias bolsas para trasladar sus compras del súper a casa.

La campaña de Whole Foods dejaba claro lo dañino que es el plástico. ¡Horror! Impactantes tomas de montañas del resistente producto. Delfines flotando, enredados en plástico. Tortugas ahorcadas por la bolsa plástica. Denso y envenenado humo negro de plástico incinerado.

Cierto, el plástico se derrite, pero hace daño. Se lo lleva el mar, pero mata a Flipper. La vida es más fácil con pañales desechables, pero duran cien años.

Al igual que Flipper, los supermercados europeos odian el plástico, y es por ello que, además de cobrar por las bolsas mucho antes que Whole Foods, sus clientes pagan muy caro por vasos, platos, cubiertos y demás productos elaborados con semejante enemigo.

Además la sección con productos anti-medio ambiente, se encuentra castigada en la esquina más remota del local.

 Nos cuenta nuestro hijo, quien por falta de oportunidades en su querido país, buscó chamba del otro lado del charco al terminar de estudiar, que es tan verde la conciencia europea, que en el súper de su vecindario todo viene al granel, por lo que además de sus propias bolsas, lleva contenedores apropiados para empacar productos como el cereal, la jalea, el arroz, el shampoo y el jugo. Por supuesto que, en Europa, al súper se camina, no se quema gasolina.

¿Llevaríamos nuestros contenedores a un súper a granel en El Salvador? No lo creo. Eso sí, pasaría lleno de cipotes traviesos, chupándose el dedo con yogurt, miel y jalea, como lo hacemos con el turrón antes del japy berdey.

Lo que sí creo, es que fácil nos acostumbraríamos a llevar nuestras propias bolsas. ¡El pulgarcito nos pide piedad!

Sé que, así como está la cosa, nos da culío salir a chotear los domingos. Esto, pues, o nos desvalijen la casa, o nos asaltan o roban la de repuesto en el Pueblo Vivo.

Pero yo que aplano, en dos ruedas, las calles de varios departamentos, les cuento que don medio ambiente tiene cáncer de plástico y, al igual que el de próstata, mata lentamente.

A todos los minoristas que empacan sus ventas en plástico: En nombre de nuestro bendito enfermo, les pido que den el ejemplo, siguiendo el ejemplo de Whole Foods y sus colegas europeos, y cobren una cora por bolsa.

Por supuesto que habrá resistencia pero, entre más adopten la medida, los compradores entenderemos el mensaje con rapidez y llevaremos nuestras bolsas la próxima vez.

Además, su iniciativa seguro motivará a otras industrias a buscar opciones de empaque menos dañinas.

 Si saben aprovechar la magia de la publicidad, es una excelente oportunidad para fortalecer su responsabilidad ante la comunidad.

¿Qué dicen? ¿No más bolsas plásticas a partir del 1 de enero 2016? Tienen un semestre para consumir su inventario y para fumarse un campañón que los pinte como héroes del medio ambiente, eduque al ciudadano y despierte la simpatía de toda la gente. ¡Adelante!.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com