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C

ualquier persona que haya tenido la oportunidad de visitar países como Estados Unidos y Canadá, puede percibir a simple vista la enorme diferencia que existe entre los países cuya herencia es anglosajona, con los países latinoamericanos que compartimos una herencia ibérica.

La diferencia no solo radica en la forma de gobierno, sino en la conducta del conglomerado social. Se percibe a simple vista que no solo los gobernantes, funcionarios, jueces, policías y demás integrantes del gobierno se encuentran sometidos a las leyes y las respetan, sino que su ciudadanos son igual o más cumplidores de la ley que ellos. Tanto se percibe esa sensación de respeto a la legalidad, que los latinos que tan alegremente nos cruzamos en nuestra países un semáforo en rojo y nos parqueamos a donde se no da la gana, cuando viajamos nos convertimos en los más dóciles y ejemplares cumplidores de las normas de tránsito y eso solo por citar un ejemplo.

¿En qué radica la diferencia? La diferencia radica en la "fuerza" de sus instituciones políticas y democráticas que se refleja en el respeto del equilibrio de poderes públicos, en la absoluta garantía de las libertades y derechos individuales, la libertad de expresión que se percibe tanto en la libertad editorial y de cátedra, como la irrestricta circulación de ideas en la prensa, la cual por su puesto incluye la de critica, sátira y caricaturización de los gobernantes sin que el autor pueda ser penalizado, complementado todo con un fuerte contrato social, en base al cual todos están de acuerdo en cumplir las normas legales de convivencia, caso contrario saben que pueden ser juzgados. No hay impunidad.

La forma de gobierno que España impuso en Latinoamérica, contrario a la impuesta por la cultura anglosajona, administró nuestros países mediante "instituciones extractivas" diseñadas, como su nombre sugiere, para extraer rentas y riqueza de un conjunto de la sociedad a fin de beneficiar a un subconjunto distinto. La Corona Española y a quienes ésta beneficiaba, explotaban a los pueblos indígenas mediante la encomienda, mita, repartimiento y trajín, todo lo cual tenía como objetivo forzarlos a mantener un nivel de vida de subsistencia y extraer así toda la renta restante para sus amos. Instituciones extractivas como estas podían producir buenos ingresos para la Corona y enriquecer a los conquistadores y a sus descendientes, pero no sentar las bases del desarrollo futuro.

Lamentablemente las revoluciones políticas en Latinoamérica que pretendían erradicar lo anterior, lo único que lograron fue un "cambio de amos", ya que el socialismo como vía hacia la utopía comunista es un diseño institucional extractivo por naturaleza. Tal como actuó la Corona Española con los indígenas, hoy podemos ver las mismas conductas e instituciones extractivas en países como Nicaragua, Cuba, Bolivia y Venezuela, cuyos gobiernos son controlados por regímenes autoritarios que subyugan a la sociedad mediante un diseño institucional que mantiene en la miseria a la mayoría mientras garantiza privilegios a una clase gobernante.

Por su parte, las "instituciones inclusivas" --como las que existen en países de herencia anglosajona, ahora muy desarrollados política, social y económicamente-- son antónimas, esto es que "reparten el poder".

¿Qué ocurrió en los Estados Unidos de América siglos atrás? La única opción para lograr una colonia viable económicamente era crear instituciones que dieran incentivos a los colonos para invertir y trabajar duro (de hecho, para que quisieran trabajar), los cuales, al alcanzar prosperidad, exigieron mayor libertad económica y más derechos políticos, lo cual es una muestra de cómo la libertad económica y el poder que da la propiedad privada son tan importantes para ejercer los derechos políticos, poniendo límites al poder político gobernante y repartiendo dicho poder ampliamente en la sociedad.

Naturalmente, en este tipo de sociedad, la competencia, la innovación, la estabilidad social y política, la riqueza y bienestar generalizado para la población ocurren casi de forma natural.

Entonces puede entenderse cómo hay países que se mantienen pobres de manera deliberada, la razón es que la élite diseña instituciones económicas para enriquecerse y perpetuar su poder a costa de la mayoría de las personas, tal como está sucediendo ahora en Cuba, Nicaragua, Argentina, Bolivia y Venezuela, donde el pueblo se mantiene pobre pero las élites en el poder acumulan fabulosas riquezas. Así, la perpetuación en el poder motiva a los gobernantes a mantener las cosas como están, bloqueando el crecimiento y evitando que la sociedad mejore sus condiciones, pues esto último requeriría cambiar las instituciones a modo inclusivo, repartir el poder y perder los privilegios.

Resulta curioso entonces, cuando escuchamos despotricar contra la "conquista española", las "dictaduras militares" o los famosos "veinte años de ARENA", ya que al final de cuentas El Salvador pasó por una cruenta guerra civil, solo para acabar en más de lo mismo.

*Abogado, Master en Leyes.