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El más grande legado

El sábado por la noche murió Tino, un autentico idealista. Desde el fondo de mi corazón agradezco a todos los que de diversas formas me expresaron su solidaridad, incluyendo a un grupo de oficiales de la Fuerza Armada, y a personas de diversas ideologías. Tales expresiones de cariño devuelven la fe en el ser humano. Con Tino se fue, como ya lo he expresado, uno de los seres más nobles que haya conocido en la vida.

Como ya lo he relatado Tino y sus marinos lograron trasladar toneladas de fusiles, tiros y otras vituallas. Estos eran acomodados en compartimentos secretos de las lanchas pirañas a través de un Golfo infestado de embarcaciones enemigas, incluyendo un portaaviones estadounidense.

Posteriormente Tino fue trasladado a Tegucigalpa, para establecer otra ruta de tránsito de armas de guerra. El era el encargado de coordinar todas las operaciones.

Una compleja red de colaboradores hondureños y salvadoreños, hombres y mujeres, hicieron posible una de las más grandes operaciones de traslado de armas de manera clandestina de un país a otro en la historia de las guerras irregulares.

Poco antes de la ofensiva de noviembre del 89, los miembros del equipo de Radio Venceremos fuimos trasladados desde Morazán hacia Managua. Los primeros en salir fuimos Hernán Vera (Maravilla) y yo. Caminamos durante varias jornadas, desde Morazán hasta una carretera en Honduras. Fue Tino justamente quien organizó todo el complejo operativo para no ser detectados por el ejército y la policía política de Honduras.

No lo había visto desde hacía casi una década. Me alegré mucho de encontrarlo sano y salvo. Nos metimos, Maravilla y yo en un carro donde nos dieron una nueva identidad. Llegamos a una casa de clase media en Tegucigalpa, cuyos esposos, un médico salvadoreño con el seudónimo de Adolfo y su joven esposa hondureña, servían de cobertura al lugar desde donde Tino manejaba todas las operaciones.

La noche que llegué a Tegucigalpa fue la primera, después de casi una década en que dormí en una cama y volví a ver un pedazo de hielo. Tino nos explicó que allí estaríamos por lo menos un mes mientras duraban los preparativos para viajar a Managua de manera segura. En la casa, además de Adolfo, su esposa, Tino, Maravilla y yo se encontraba Santos Lino Ramírez, que había llegado desde Morazán, para ejecutar un delicado operativo.

Tino nos señaló el lugar donde estaban las armas, nos dio las instrucciones de combate y nos señaló las rutas de retirada por si acaso la casa era asaltada por la brigada antiguerrillera "Los Cobras", que por esos días estaban muy activos. En sus ratos libres Tino nos contaba chistes para disimular la tensión, siempre que salía nos traía algo: una repostería, un refresco. Cosas que teníamos años de no probar.

Maravilla y yo llegamos, después de varios días a Managua, y Santos Lino después de cumplida la misión, regresó a Morazán. Adolfo, su esposa y Tino continuaron en la casa. Faltaba todavía un tiempo para el fin de la guerra. Con la muerte de Tino el pasado sábado, murió el último de los otros tres compañeros varones que estuvimos en aquella casa de Tegucigalpa

Adolfo fue asesinado por unos delincuentes aquí en El Salvador hace unos años. Santos Lino Ramírez murió de cáncer el 4 de octubre de 2014. Y el sábado pasado se nos fue Tino. Sobrevivimos la esposa de Adolfo, una mujer valiente y leal y yo. Qué tristeza que los que fuimos parte del ERP, últimamente nos encontremos en tristes y humildes funerales. El ERP, guerrilla audaz y heroica, cumplió con su deber y se disolvió. Son otros, no pocos, que nada tuvieron que ver con el sacrificio de tantos, los que detentan el poder.

Por esas cosas de la vida, he recibido de Tino, más allá de su ejemplo, un hermoso legado, que lleno de vida, derrota la muerte misma. Un legado que no tiene precio. Ante la memoria del amigo fallecido me comprometo a estar a la altura de ese legado, exactamente como él lo hubiera estado.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com