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Es más fácil cambiar a El Salvador que dejarlo atrás

Por algo nacimos aquí, y me atrevo a decir que para muchos de nosotros la razón es para transformar a El Salvador en un lugar donde dé gusto vivir, donde nadie se quiera ir

A primera vista, pareciera que en El Salvador estamos atrapados en una realidad al estilo del realismo mágico latinoamericano más trágico posible. Entre la crisis social, la lenta recuperación económica, la inseguridad y la política partidaria (y no de nación) que vivimos día a día, no es de extrañarse que la mayoría de nosotros queramos emigrar. Pareciera que lo único positivo que tenemos que decir de nuestro país es que el salvadoreño tiene una impresionante capacidad de adaptarse a la adversidad, o dicho de otra manera, que somos cachimbones. Pero, si lo pensamos bien, es precisamente esta cualidad la que puede transformar a nuestro país en lo que todos queremos que sea, un país moderno, seguro y próspero, donde dé gusto vivir.

Emigrar, dada la realidad mundial, está dejando de ser una opción, lo veamos o no. De entrada la vida del inmigrante, tenga o no papeles, no es fácil. Se encuentra en país diferente, sin familia o red de contactos, con costumbres diferentes, y donde eventualmente la melancolía lo hace a uno añorar su terruño todos los días. No he conocido a un salvadoreño que no sueñe con volver a El Salvador cuando las cosas mejoren, pues el país nunca se va del corazón. A esto hay que agregarle la realidad mundial, donde en Estados Unidos, un precandidato presidencial, Donald Trump (quien no creo llegue a ser el candidato de su partido) está avivando la llama antiinmigrante con tal de ganar votos, llámense mexicanos (que según el todo los latinos somos de ahí) o musulmanes, sin importar sus capacidades, integridad, educación o deseo de superación. Él no llegará a ser candidato, pero el daño estará hecho, pues muchos norteamericanos están convencidos que él tiene razón y todos los problemas que tienen vienen de la inmigración. En Europa, sin importar el país que analicemos, está pasando lo mismo con los partidos de ultra derecha con una agenda antieuropea y antiinmigrante, con la diferencia que en algunos países sí tienen la posibilidad real de llegar al poder. Esto hace cada vas más difícil e incierta la idea de llevar una vida plena y tranquila en otros países.

Pero entonces, qué nos queda por hacer. Bueno, si la montaña no va a Mahoma, que Mahoma vaya a la montaña. Acá es donde hay que echar mano del carácter cachimbón que nos caracteriza y en vez de utilizarlo para aguantar lo que pareciera inaguantable, hay que utilizarlo para construir el país en el que dé gusto vivir. Parece hasta absurdo, pero mientras más lo pienso, parece mejor opción que transformemos El Salvador en un lugar moderno, seguro y próspero, a que emigremos todos. 

El Salvador cuenta con talento de primer nivel, que no tiene nada que envidiarle al resto del mundo. Tenemos médicos, arquitectos, ingenieros, diseñadores, administradores y muchos profesionales emprendedores cachimbones. Cae en nosotros ir poco a poco transformado nuestras ciudades y el país con nuestros proyectos e ideas innovadoras. ¿Hay retos? ¡Claro que los hay! Pero, ¿no somos cachimbones pues? ¿Dónde están los arquitectos que quieren hacer rescates y renovaciones urbanas en barrios y colonias de San Salvador? ¿Dónde están los médicos de primer nivel que quieren promover al país como destino por excelencia del turismo médico? ¿Dónde están los diseñadores, administradores y emprendedores que tienen sueños y proyectos para hacer un mejor país? Todos estamos aquí, ahuevados, pero es hora que demostremos que el Pulgarcito es un David, capaz de derrotar al Goliat de todas las crisis que enfrentamos.

Pero, ¿qué debemos hacer para lograr esto? Me atrevo a proponer 3 pasos iniciales. Primero, el gobierno, sea quien sea esté en turno, debe de tener un plan de acción con por lo menos 4 ejes de nación – seguridad, educación, salud y crecimiento económico. Yo ya llegué a un punto, al igual que casi todos, en que no me importa qué color sea el gato, siempre y cuando cace ratones. Segundo, los profesionales debemos soñar y trabajar para crear un país de primer mundo, no pensando que nuestro El Salvador merece nada menos que eso. Y tercero, todos debemos respetar las reglas y leyes, dejando atrás la idea que el mundo pertenece al vivián, sino que el mundo pertenece a los vivos (a los soñadores y trabajadores, con visión y respetuosos de las normas). Ninguna de estas tres tareas es fácil, pero créanme, emigrar tampoco lo es, y dejar atrás a un país tan bello como el nuestro no es la solución. Por algo nacimos aquí, y me atrevo a decir que para muchos de nosotros la razón es para transformar a El Salvador en un lugar donde dé gusto vivir, donde nadie se quiera ir y en donde volvamos a recibir con los brazos abiertos a quien quiera volver.

*Emprendedor.