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Más ayuda el que no estorba

Los que crecimos con cierta afición al maravilloso mundo de los cómics pudimos, gracias a Goscinny y Uderzo, Hergé, Marvel o a DC Comics, explorar universos fantásticos en los que sujetos de excepcionales poderes batallaban para que el lado de la justicia siempre se impusiera al final. Varios aficionados coincidirían conmigo en que más de una vez fantaseamos deseando que los universos en que los X-Men se enfrentan contra enemigos que personifican la discriminación, o en que agencias secretas patrocinan equipos de súper héroes como los Avengers, fueran reales.

Para nuestra dicha, no hace falta fantasear más: en El Salvador la sed de justicia y las gestas heroicas han finalmente trascendido las páginas del cómic para volverse reales, no hay más que seguir de cerca las labores de nuestra Asamblea Legislativa. La próxima aventura será protagonizada por el mismísimo presidente del órgano legislativo, que como vengador justiciero acudirá cuanto antes a la Franja de Gaza, pues ninguna víctima encontrará la paz hasta que este intrépido burócrata de tierras tropicales no se haga presente para expresar solidaridad haciendo uso de sus súper poderes monetarios impulsados por las arcas estatales.

Sarcasmos aparte, la situación que viven las víctimas en Gaza merece no solo la solidaridad del presidente legislativo, sino la de cualquier persona con un ápice de conciencia por los derechos humanos. ¿Cuál es el problema entonces con que Sigfrido Reyes quiera desplazarse hasta Palestina para expresar solidaridad? Ninguno, si lo hace en calidad personal, con sus propios fondos y no con los que deberían ser usados para beneficiar al pueblo salvadoreño; en su tiempo libre y no en el que debería usar para mejorar la calidad de vida de sus representados, tiempo por el que devenga un sueldo.

El problema es que lo haga a costillas de la ciudadanía, que aparentemente, no merece solidaridad alguna por parte del líder legislativo. De otra manera lo veríamos incansable, solidarizándose con su presencia todos los días junto a las decenas de familias salvadoreñas que pierden miembros a causa de la violencia que no hemos sabido aún erradicar. Según dice, lo mueve el hecho de que el país "debe buscar una cercanía con un pueblo que sufre", a pesar de que, a juzgar por la poca prioridad que se le da a la seguridad en la agenda del órgano que preside, no tiene la misma agilidad para acercarse a su pueblo, que tiene años de estar sufriendo.

Tiene razón el presidente de la Asamblea cuando dice que la solidaridad no es un recurso finito: el mostrarla a unos no impide extenderla a otras víctimas que también sufren. El problema es que de igual forma podría solidarizarse de maneras que resultaran más útiles a las víctimas, que a menos que el presidente de la Asamblea cuente con la solución al conflicto Israel-Palestina, de poco les servirá en sentido práctico, su presencia solidaria en un momento donde todos los recursos deberían ser usados para buscar la paz y no para atender delegaciones visitantes de burócratas solidarios. Nunca más adecuado aquel adagio que decía "más ayuda el que no estorba".

Llegar a estas lógicas conclusiones de ninguna manera equivale a una justificación de los horrores actualmente cometidos en contra de víctimas indefensas en la Franja de Gaza, ni a apoyar el terrorismo de Estado en que ha incurrido Israel. El que acuse de hacerlo a quienes cuestionamos la utilidad de su viaje, es sin embargo, por parte del diputado Reyes, hacer uso político de una tragedia, actitud alejadísima de la solidaridad que tanto pregona.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg