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Más allá de la política nacional de cáncer

Lo medular del programa no es construir un flamante hospital dotado de las últimas tecnologías y sentarse a esperar a que la gente se enferme para tratarla. Es todo lo contrario, el enfoque es precisamente evitar que la gente se enferme

Es una buena noticia que desde mediados del mes de septiembre pasado El Salvador cuenta con una política nacional para enfrentar el flagelo del cáncer, aunque los comentarios entre algunos galenos fueron: “La estamos esperando desde hace más de cuarenta años pero de todos modos más vale tarde que nunca”.

Al fin se ha aceptado que el cáncer es un problema de salud nacional que amerita ser atendido y crear una política nacional es un primer paso, establecer las grandes líneas de acción para alcanzar objetivos concretos que beneficien a la población, algo así como puntear en blanco y negro las aspiraciones nacionales en esa importante lucha.

La tarea más difícil será indudablemente transformar esas aspiraciones en una realidad dada la tradicional lipidia por la que pasa la salud en el país, de suyo ya emproblemada y recargada con los lesionados producto de la violencia y accidentes de tránsito, insuficiencia renal crónica y los brotes epidémicos.

Para darle continuidad a la política ya expresada es urgente trabajar en un plan nacional con la participación de los médicos oncólogos cuyas opiniones son clave, salubristas, epidemiólogos, planificadores, especialistas en estadísticas y actuariado y técnicos en materia de finanzas y presupuesto en el área de la salud.

La idea es darle vida a una superestructura, con enfoque programático, que articula las instituciones del sector salud, que desglose tareas y responsabilidades y se distribuyan en un todo coherente.

Además de elaborar planes anuales de trabajo (incluyendo productos intermedios y finales) que sean un consolidado de los planes anuales de trabajo de los establecimientos (hospitales, policlínicos, unidades, etc.) que los integran y costearlos debidamente para formular los presupuestos correspondientes. Punto relevante es garantizar que las acciones sean permanentes y tengan sostenibilidad. Hacerlo en otra forma podría convertir la política nacional en una “llamarada de tusa”.

Hace aproximadamente unos 25 años el ISSS puso en marcha el PROGRAMA NACIONAL PARA EL MANEJO INTEGRAL DEL PACIENTE CON CÁNCER elaborado por el Dr. Raúl Lara Menéndez, médico oncólogo radioterapeuta y colaboradores técnicos que dispone de abundante información que podría ser de utilidad a MINSAL en sus pretensiones en esta materia, por cierto como parte de ese programa visionario y único en el país, nació el actual Hospital de Oncología ISSS.

El objetivo del programa citado aún vigente aunque no en su conceptualización original es prevenir, diagnosticar en forma temprana, tratar en la mejor forma posible y rehabilitar el paciente al hogar, trabajo y sociedad. El enfoque es que el nosocomio especializado aunque importante no es la prioridad porque dirige sus acciones únicamente a la faceta del tratamiento, la prioridad en realidad es la prevención y el diagnóstico temprano porque son las acciones que realmente benefician a mayor cantidad de personas y tienen mucho más impacto sobre el problema nacional.

Lo medular del programa no es construir un flamante hospital dotado de las últimas tecnologías y sentarse a esperar a que la gente se enferme para tratarla. Es todo lo contrario, el enfoque es precisamente evitar que la gente se enferme y si ello es inevitable, que el daño sea mínimo para que hayan mejores probabilidades de éxito en el tratamiento y rehabilitación.

Por supuesto que el programa requiere de un presupuesto anual y de varios apoyos de carácter técnico para que funcione con la calidad y producción esperadas, uno de esos apoyos es disponer de un sistema nacional de información moderno y actualizado que sirva para la retroalimentación, cruzar información y crear condiciones para la investigación y docencia, Por ejemplo los datos sobre la ocupación, origen geográfico de los pacientes y morbi/mortalidad por grupos etareos podrían ser insumos de trascendencia para formular acciones específicas de prevención

*Colaborador de El Diario de Hoy.