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Más allá del lodo

Realmente varias de las lecciones más profundas en la vida de cualquier persona provienen de momentos sencillos u ordinarios. Pero son de esas experiencias que siempre tienen guardado en un archivo especial en la mente que te permiten orientar de mejor manera los esfuerzos de nuestro día a día, así como la dirección de nuestras decisiones. El único problema es que a veces la enseñanza de estas experiencias es solamente obvia para el que las vive. Sin embargo, me tomaré el riesgo y se las compartiré.

Una de esas experiencias la viví hace unos años cuando tuve la oportunidad, junto con un grupo de amigos, de visitar el Parque Nacional Montecristo en el departamento de Santa Ana (un viaje muy recomendado por cierto). Parte de "la gracia" del paseo es subir a la punta más alta del cerro, conocido como "El Trifinio", donde en un solo punto se encuentran las fronteras de Guatemala, El Salvador y Honduras. La única manera de llegar a la punta es caminando, lograrlo toma esfuerzo y tiempo.

Realmente me habían afamado la belleza de la caminata, pero para serles sincero, en todo el caminado para arriba no me pareció algo realmente diferente a otros puntos preciosos de nuestro país. Llegamos a la punta luego de unas horas (donde la vista sí era realmente espectacular), pero a los minutos debíamos regresarnos de nuevo, pues tomaba algunas horas bajar y se estaba acercando la hora de ir a almorzar.

Recuerdo que llevábamos alrededor de una hora bajando, cuando en unas de esas uno de los que íbamos en el grupo dijo que quería detenerse a descansar. Nos pareció una buena idea a todos, por lo menos por unos minutos. Entonces decidimos sentarnos en el lugar donde nos encontrábamos; fue ahí cuando me di cuenta de lo increíble que era el lugar.

Unas cuantas horas subiendo y unas cuantas bajando, lo que no había notado es que todo el tiempo lo había hecho viendo al suelo, que por cierto ese día estaba un poco lodoso pues había llovido el día anterior. Al sentarme levanté la mirada y me di cuenta del bosque realmente increíble e impactante en el cual llevaba horas pasando sin percatarme de lo extraordinario que nos rodeaba. Por supuesto que el resto del camino, aún con algunos retos y tropezones siempre, fue mucho más entretenido, energético y claro, se sintió menos. Ya no me fijaba solamente en los obstáculos del camino, sino también en disfrutar el paseo. ¡Cuánta similitud tiene esto a la vida!

Hago referencia a esta sencilla pero rica experiencia personal pues considero es similar a la actitud cabizbaja y negativa con la que muchos salvadoreños, de toda clase social, profesión e ideología, podamos haber entrado por la difícil situación que vive nuestro país en temas económicos y sociales. Tal vez incluso si lo sobre analizamos, que a pesar de que los problemas han variado a través de nuestra historia, estos problemas se han convertido en ladrillos que nos impiden levantar la cabeza.

Pudiera ser que esta costumbre de caminar y caminar, sin detenernos, con estos ladrillos sea a lo que realmente nos referimos cuando decimos que los salvadoreños nos "rebuscamos."

A pesar de que tenemos muchos retos, debemos aprender qué hay más allá en el mundo del lodo que vemos en el día a día. Para poder encontrar oportunidades debemos tomar los retos como aprendizajes para poder generar oportunidades para nuestro país. Además, si queremos triunfar como sociedad que logre el desarrollo económico y social, es importante mencionar que solo los que levantan el cuello lideran el camino.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

@SergioTotoR