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¡9 de marzo, votemos, pues!

Estamos cansados. Estamos decepcionados. Estamos desmotivados. Así nos sentimos muchos. Somos una generación mucho más comprometida que generaciones anteriores, pero al mismo tiempo somos una generación ausente. ¿Cómo es esto posible?

Las razones las hemos repetido demasiado ya. Todos las conocemos. Francamente estamos hartos de la política tradicional, y hartos de partidos que nos siguen ofreciendo más de lo mismo. ¿Cómo es posible que ante una elección en la cual el voto de los jóvenes debería ser más importante que nunca, los candidatos que nos ofrecieron fueron las propuestas más representativas de la política tradicional?

¿Dónde están los nuevos liderazgos, las nuevas ideas, las visiones de futuro? Tanto que nos metieron eso, para salir con lo que salieron.

Justa indignación. La única forma de describirlo. Justa, porque tenemos toda la razón de sentirla. Justa indignación, porque injusticia es la que se está cometiendo contra nuestro pueblo. Injusticia pintada de todos los colores del espectro político.

La ciudadanía despierta, pero aún no actúa.

Reclamamos, pero aún no actuamos. Concientizamos, pero aún no ejecutamos. Se empieza por el principio, pero es tiempo de seguir adelante.

Entiendo a los que llaman a anular el voto, a los que deciden quedarse en casa. Entiendo la frustración. La comparto. La compartimos todos. Pero no lo puedo aceptar. Si no nos tomaron en cuenta a la hora de elegir sus cartas, significa que no entramos en su aritmética. Que consideraron que nuestras opiniones no eran las importantes. Hay que demostrar que tan equivocados estaban.

Lastimosamente hoy las cartas ya están tiradas. La suerte está en la mesa. La disyuntiva que enfrentamos no la podemos cambiar. Pero el futuro sí. Al quedarte en casa, o anular tu voto, simplemente estás fortaleciendo todo aquello contra lo cual te estás tratando de expresar. Te estás anulando ti mismo. Te estás manteniendo fuera de la aritmética electoral. Eso, estimado, no sirve de nada.

Lastimosamente las opciones están dadas. Pero si queremos que se nos tome en cuenta, que se nos tome en serio en el futuro político del país, no nos podemos autoexcluir. Debemos votar. Debemos mostrar el impacto que podemos tener en un evento electoral. Necesitamos mostrar el musculo y flexionar.

El 10 de marzo amaneceremos con un presidente que no quisimos. Sea cual sea el resultado, no será el óptimo para el país. El 10 de marzo amaneceremos sin que nadie nos esté ofreciendo nada nuevo. Amanecerá y parecerá todo igual. Pero ese día, si salimos a votar, tendremos la autoridad moral de voltearnos y decir, saben qué, ya basta, hasta aquí llegó la cosa. Tendremos la autoridad moral de decir, ustedes han fracasado y es tiempo que cambien las cosas, no allá afuera, sino aquí adentro. Tendremos la autoridad moral de asumir nuestra responsabilidad de participar, de actuar, de presionar y de aceptar el reto de hacer patria nosotros.

9M ¡Votemos, pues! - 10M ¡Actuemos, pues!

*Colaborador de El Diario de Hoy.