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El martes triste del presidente Obama

El martes de esta semana fue un día triste para el presidente Obama. El Partido Republicano ganó más escaños en el Senado. Ahora los rivales del presidente tienen el control total de las dos cámaras que componen el Congreso. Los dos últimos años que le restan de su mandato serán muy difíciles. Tendrá que pactar con sus rivales "hasta lo que pide para el desayuno", comentaba con ironía un analista.

Hace sólo seis años Barack Obama hizo historia al convertirse en el primer hombre de raza negra en conquistar la presidencia de los Estados Unidos. El hecho ocurrió sólo cinco décadas después que Martin Luther King, el hombre símbolo de la lucha contra la discriminación racial, fuera abatido a balazos en Memphis por un hombre blanco.

Obama se elevó sobre los prejuicios, venció las tendencias históricas e hizo soñar, no sólo a la mayoría de estadounidenses, sino también a los idealistas de todas partes que un mundo diferente era posible. Un mundo sin discriminación de ningún tipo. Un mundo parecido a la canción "Imagine" de John Lennon.

Obama en su campaña parecía decir como Lennon, "You may say I am a dreamer, But I am not the only one. I hope some day you will join us, and the world will be as one". Y la mayoría de estadounidenses de todas las razas le contestó con un sonoro "Yes, we can". Nadie que lo vio en vivo o por la televisión olvidará la conmovedora escena: Jesse Jackson, uno de los líderes negros del Partido Demócrata, derramaba lágrimas de emoción, en el momento en que juramentaban a Obama como presidente.

La dolorosa y vergonzosa era de la esclavitud y la discriminación racial como algo normal en los Estados Unidos había sido enterrada por siempre con la elección de Obama. Y, para muchos, atrás quedaban también los imposibles de todo tipo. La elección de Obama sólo es comparable con la llegada de Colón a América o con el alunizaje del Apolo 11 y otros acontecimientos que cambiaron el curso de la historia.

La campaña de Obama fue un derroche de creatividad y entusiasmo contagioso al que se unieron los más brillantes escritores, las estrellas de Hollywood, los artistas, los deportistas más destacados, los pobres, las minorías raciales y… también una mayoría de blancos, anglosajones y protestantes. El hecho marcó una tendencia política en América Latina y en todo el mundo.

Pero una cosa es una contundente y necesaria victoria en la lucha por los derechos civiles y la simbólica muerte de los prejuicios raciales y otra cosa es ejercer la presidencia de la primera potencia mundial. Seis años después la era Obama está llegando a su ocaso. Todo lo contrario a lo que ocurrió durante la presidencia de Bill Clinton, quien alcanzó asombrosas cotas de popularidad al final de su mandato y en medio del escándalo del caso Lewinsky.

Obama gobernará con un Capitolio bajo control de sus rivales políticos y con una desaprobación que hoy es del 60%. Los estadounidenses, sin embargo, no están desaprobando al hombre de color, sino la falta de liderazgo y los desaciertos de sus políticas, sobre todo aquellas que tienen que ver con las cuestiones migratorias, de medio ambiente y de política exterior.

Nadie puede vaticinar con certeza lo que ocurrirá cuando los estadounidenses vayan otra vez a las urnas a elegir al próximo presidente. Las tendencias, hoy por hoy, auguran que los republicanos volverán a la Casa Blanca. Pero todo dependerá de cómo manejen el control que hoy tienen del Congreso y del candidato que escojan para enfrentar, según todos los entendidos, a Hillary Clinton, nada menos.

Lo que sí resulta cierto es que la arrolladora victoria de los republicanos, no sólo provocó el día más triste para el presidente Obama, sino que también marcará nuevas tendencias políticas en Estados Unidos, sobre todo en América Latina, donde los gobiernos de Cuba y Venezuela, símbolos del "Socialismo del Siglo XXI", se hunden sin remedio.

* Columnista de El Diario de Hoy. Marvingaleasp@hotmail.com