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Marilyn, Einstein y el ISSS

Durante una recepción Marilyn Monroe se cruzó con Albert Einstein a quien le sugirió: "¿Qué dice, profesor: deberíamos casarnos y tener un hijo juntos? ¿Se imagina un bebé con mi belleza y su inteligencia?". Einstein, muy serio, le respondió: "Desafortunadamente, temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia". Esta anécdota ilustra la comparación entre el Seguro Social y un seguro privado de salud. Ambos tienen un lado bonito y un lado feo.

¿A quién no le gustaría tener un seguro médico que mezcle las bondades de uno y otro? O mejor dicho: ¿A quién no le gustaría que lo que le descuentan de salario para el ISSS incluyera un seguro privado? Lo feo, claro, es lo que más se comenta. ¿Quién no ha escuchado de largas listas de espera en el Seguro o de la escasez de medicamentos? Es frecuente oír que el doctor, en lo privado, realiza la operación que se necesita hoy mismo, pero al preguntarle si la puede realizar en el Seguro, entonces la programación tarda hasta el próximo año. ¿Y qué pasa si hay huelga?

Por otro lado, absorbiendo altos costos, el ISSS paga la incapacidad, acepta ingresos sin límite de costos para la institución, tiene servicio de 24 horas, etc.

¿Pero qué le parecería a usted, amigo cotizante, que con lo que paga de Seguro Social, pueda tener un seguro privado a la vez, con la misma cantidad de dinero que aporta?

Los seguros privados tienen la ventaja que usted puede ser atendido hoy mismo y con el médico de su confianza, de la manera más eficiente y en un bonito hospital, con su habitación privada, aire acondicionado, TV por cable, etc. Pero la mayoría de seguros privados locales tiene un límite, al que generalmente nunca se llega.

Si hacemos el ejercicio de tomar lo bueno de ambos sistemas y los juntamos, creo que el producto sería mejor que la respuesta dada por Einstein a Marilyn Monroe. ¿Cómo hacerlo? Primero, para la población asegurada de menor riesgo, por ejemplo entre los 20 y 50 años, el ISSS debería subcontratar aseguradoras privadas que atiendan con agilidad y eficiencia las consultas y emergencias de esa población. Eso causaría una drástica disminución de las citas, programaciones de exámenes y cirugías. Con menos aportaciones institucionales por incapacidades, aumentaría el número de cotizantes exponencialmente.

Está comprobado que los costos institucionales del Seguro Social son más altos de lo que cualquier aseguradora local pudiera pagarle a un hospital y al mejor de los médicos. Estas pólizas, por tanto, no deberían ser altas, sino de cobertura baja. Así ahorraría la institución, agilizaría el servicio a los cotizantes y descargaría el trabajo de hospitales y unidades de atención.

¿Qué pasaría si usted tuviera una gravedad y resulta que ya llegó al tope de la cobertura del seguro privado? Siempre tendría el respaldo de los hospitales del Seguro. Pero su atención inicial fue donde usted escogió, en el momento que quiso y con su médico de confianza.

Y ustedes, colegas médicos, enfermeros o auxiliares de servicio que trabajan en el ISSS, no se preocupen, que al aumentar la demanda en los hospitales privados necesitarán automáticamente de sus servicios. De hecho, a muchos de mis colegas que trabajan en el Seguro los veo también trabajando en clínicas privadas. O sea que trabajo siempre habrá para todos. El más beneficiado será el paciente.

El ISSS, al competir con las compañías privadas, tendría más cotizantes y se ampliarían sus opciones de maniobra económica, con lo cual podría mejorar de manera sustancial la atención de los usuarios, mejorar salarios, adquirir equipos, etc.

Esta fórmula está funcionando muy bien en otros países, entre otras razones porque es matemática, como le habría gustado a Einstein, y su resultado es óptimo, como la propuesta genética de Marilyn.

*Colaborador de El Diario de Hoy.