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La Mar del Sur

cartas a la juventud El idioma español está transitando por un momento de especial significación: su expansión crece cada día más hasta alcanzar los quinientos millones de hispanohablantes, y bien podría afirmarse que se ha convertido en el segundo

La Mar del Sur

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Entre las grandes epopeyas de la historia, no puede faltar el descubrimiento de "La Mar del Sur", hoy Océano Pacífico, en el año de gracia de 1513. El gran escritor panameño Octavio Méndez Pereira, a quien citaré en lo sucesivo, describe así aquel momento culminante: "Balboa mandó entonces hacer alto. Y luego, ante la expectación ansiosa de sus hombres, continuó subiendo solo hacia la cumbre señalada. De improviso lo vieron clavar la vista en el espacio, quitarse el sombrero empenachado y caer de rodillas, en ansioso recogimiento. Así, desde lejos, mientras el viento le azotaba la cabellera rubia y el sol quebraba sus rayos como lampos de oro en las placas de su armadura, los españoles tomaron a Vasco Núñez como un dios en el momento de una creación suprema".

Conmemorando los quinientos años de ese gran acontecimiento, que dilató inmensamente el territorio de la conquista española e hizo posible, atravesando la cintura de América, la incorporación del Imperio Inca y de la región Araucana, se celebró recientemente en Panamá el VI Congreso Internacional de la Lengua Española, en el que tuve el privilegio de participar.

El Congreso conmemoró también los trescientos años de la fundación de la Real Academia Española, en tiempos de Felipe V, por Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúniga, Márquez de Villena y Duque de Escalona. Con ese doble motivo, pues, y con el lema "El Español en el Libro del Atlántico al Mar del Sur", el evento congregó, junto al Presidente de Panamá, al Príncipe de Asturias, a los ex presidentes de Colombia y Uruguay, Belisario Betancourt y Julio Mario Sanguinetti, a Mario Vargas Llosa, a Sergio Ramírez, a Juan David Morgan, a Antonio Skármeta, a los presidentes del Instituto Cervantes y de la Real Academia Española, a los presidentes de las Academias Iberoamericanas, y a múltiples cultores del idioma de Cervantes.

El idioma español está transitando por un momento de especial significación: su expansión crece cada día más hasta alcanzar los quinientos millones de hispanohablantes, y bien podría afirmarse que se ha convertido en el segundo idioma del planeta. Une cada día más y más países y, sin que lo percibamos con claridad, resulta tan vital como el oxígeno, indispensable para la extensa comunicación de pueblos y continentes. ¿Qué sería de Latinoamérica sin un idioma común, expresándose cada región en su propio dialecto?

Los extraordinarios avances tecnológicos, que bien pudieran abrir espacio a una nueva era en la historia de la humanidad, apuntan en dos direcciones: el conocimiento y la interacción. Ambos están siendo y seguirán siendo ampliados hasta límites insospechados, de los cuales sólo estamos presenciando el inicio. La información inmediata y universal disparará los métodos educativos; y la cultura general, bien usadas las nuevas herramientas tecnológicas, podrá alcanzar el más alto nivel. Pero, por otra parte, los idiomas están siendo torturados por simplificaciones, abreviaturas, simbolismos y toda clase de señales que inevitablemente afectarán el repertorio idiomático de las lenguas. Prueba de ello es la multiplicidad de signos con que se comunican los usuarios de Internet. Esto repercutirá en las ciencias, en las artes y, particularmente, en la literatura. ¿Podrá escribirse de nuevo, con esos signos, un libro con la frondosidad de Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez, o Paradiso, de José Lizama Lima? La estructura lineal del lenguaje, minimalista y directa, seguirá sepultando, según se ve, las ondulaciones del barroco a periodos prehistóricos dando lugar, tal vez, a un nuevo esperanto. ¡Qué maravillas les esperan a ustedes, jóvenes, que nosotros, los viejos, sólo podemos atisbar! Pero con que nostalgia añoramos el lenguaje cervantino.

Entre tanto, ¿qué pasó con el hercúleo Vasco Núñez de Balboa? Ah, la humanidad con sus renglones torcidos.

El gran escritor ya mencionado, nos da cuenta de sus amores con la hija del cacique Careta, la angelical princesa de bronce Anayansi, quien, al regreso de Balboa de su inmortal descubrimiento, lo esperaba "toda pudorosa, palpitante de emoción y de orgullo, en el portal de su casa. Para todas las heridas y todos los cansancios del héroe tenía ella el bálsamo misericordioso de su dulzura y de su suavidad".

Mal informada la Corte Española de los éxitos de Balboa, envió al Darién como Gobernador a Pedro Arias de Ávila (Pedrarias) cuyo gobierno "representa uno de los episodios más oscuros de la conquista en tierra firme".

Balboa, por un rudo golpe del destino, cayó en las manos del tirano. Influido éste por toda suerte de intrigas, y deslumbrado por un mundo de "oro y oro y oro; turmalinas, turquesas, perlas, zafiros, esmeraldas, diamantes, amatistas, ópalos, topacios, jades, rubíes, canela, pimienta, vainilla, tabaco y cacao", ordenó la decapitación del titán en 1519. "Y no satisfecho todavía con el furor dómine, con que había presenciado las ejecuciones por entre las cañas de la pared de un bohío cercano, ordenó que se expusiese al pueblo, por varios días, la cabeza del Adelantado, clavada en una pica. Y allí quedó, en la noche, callada y oscura, la noble cabeza, chorreando sangre en la estaca de la ignominia. Iba ascendiendo la luna y derramando su cuerno de plana sobre las aguas y las arenas…".

Atrás quedaba la gloria del descubrimiento de la mar del sur, y la pasión de quien, un día de plena felicidad, "reconoció, con su ojo experto, que había llegado el momento de la madurez en que el fruto exótico de Anayansi se ofrecía para el injerto de la nueva raza".

S. en Derecho