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Mantenimiento de equipo médico en la picota

En los hospitales salvadoreños ya es una tradición preocuparse del equipo médico únicamente cuando colapsa, "truena" o se daña irremediablemente a raíz de desgaste extremo, antigüedad, uso negligente o exagerada sobrecarga. La "cultura hospitalaria" criolla considera que los equipos son eternos, tienen que aguantar todo tipo de uso y nunca deben fallar.

En efecto, es corriente que las autoridades hasta se sorprenden cuando se paraliza el proceso del lavado de la ropa hospitalaria por desperfectos en las lavadoras, todos ponen el grito en el cielo pero son pocos los que conocen la causa del problema, sencillamente la asignación para el mantenimiento de esos equipos es tan irrisoria que casi funcionan solamente porque Dios es grande.

La "cultura" de marras pretende sacarle el jugo a los equipos con el mínimo de inversión en mantenimiento, interesa únicamente salir del paso y son pocas las veces que se toman previsiones para el mediano y largo plazo. Consecuentemente a esta forma de actuar, nunca hay anticipación a la ocurrencia de las fallas.

La ausencia de pensamiento estratégico prácticamente está acabando con los hospitales y como las demandas siempre rebasan la oferta, ahora ya no sólo faltan medicinas e insumos básicos sino también surgen dificultades por todos lados.

El equipamiento de los centros asistenciales no escapa a la falta de planeación y lo poco que existe es reparativo por cierto irregular, parcial, insuficiente y extemporáneo. De ahí que el pan de cada día es el monitor defibrilador abandonado por falta de batería, el equipo de ultrasonografía parado desde hace más de un año porque necesita transductores nuevos y son muy caros y no hay dinero; de tres lavadoras sólo funcionan dos, de seis monitores fetales sólo la mitad están en condiciones de uso, etc., etc.

A mi manera de ver también existen otros factores causales tales como la insuficiente asignación presupuestaria destinada al manteamiento, la tendencia de dar poca importancia a esta clase de problemas y la evidente falta de voluntad para entrarle de lleno al asunto para buscar una solución. Conversando con algunos colegas me explican que tal parece que las autoridades no se dan cuenta que tan importante es invertir en el mantenimiento como en la adquisición de medicinas y pagar sueldos. Tampoco se percatan que un equipo médico fuera de uso significa pérdidas en todo sentido, porque se dejan de hacer procedimientos que se necesitan, se paraliza una función, se forman cuellos de botella y se deprecia en la medida que pasa el tiempo.

Cuando ocurre un problema a causa de la falla de un equipo determinado la justificación más frecuente es que no hay dinero o el que hay es insuficiente para el mantenimiento adecuado, que el problema ya se notificó desde hace meses pero que no se ha tenido respuesta por falta de dinero, que la asignación presupuestaria para el mantenimiento se agotó, etc., etc., naturalmente estos argumentos son inadmisibles en un país que gasta millones de dólares en pasajes y viáticos de funcionarios, flotas de vehículos nuevos, regalos navideños, bonos de complacencia, incrementos de salario en épocas de lipidia y recepciones de veinte mil dólares. Así como están las cosas estamos lejos de solucionar el problema del mantenimiento del equipo médico y mucho más lejos de la modernización

*Dr. en Medicina. Colaborador de El Diario de Hoy.