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Mala noche y ocaso

En el casco histórico de Moscú, caminando por las majestuosas avenidas construidas durante la época de los zares --enfatizo lo de casco histórico porque el resto de la ciudad carece de ese esplendor--, la frase de Santa Teresa de Ávila "una mala noche en una mala posada", martilló una y otra vez en mi mente. Se refería la Santa a cómo puede llegar a ser nuestra vida, y a la brevedad de esta vida en comparación con los siglos registrados en la historia Antes de Cristo (A.C.) y Después de Cristo (D.C.).

Setenta años de comunismo, pensé, y es en realidad muy poco lo que queda de ello. Desde la carretera de uno de los aeropuertos que sirven a la capital rusa, aeropuerto no renovado al estilo Comalapa, las grandes marcas occidentales se encuentran presentes durante la totalidad del trayecto. Como símbolo de unidad nacional se ve cada cierto tiempo al primer astronauta ruso. Frente a la Plaza Roja, el Kremlin a un lado y, al otro, un centro comercial con olor y sabor a glamour occidental donde prevalece la marca Louis Vutton.

Las sensaciones vividas hace algunos años en Moscú me regresaron este fin de semana al leer en la edición de domingo de "El País" el artículo titulado: "El ocaso del Alba", el cual hace referencia a que hace diez años y con los precios del petróleo al alza, dieron vida en La Habana Hugo Chávez y Fidel Castro, a la "Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América", en contraposición al "Acuerdo de Libre Comercio de las Américas" (Alca)", que venía siendo impulsado por los Estados Unidos.

Mucha agua ha pasado bajo los puentes desde entonces, publicándose en el periódico español que el actual gobernante venezolano, Nicolás Maduro, carece del carisma de su antecesor y que otros gobernantes como el boliviano Evo Morales, el ecuatoriano Rafael Correa o el cubano Raúl Castro, han optado por diversificar sus políticas exteriores con la participación en otros organismos como Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) o la Celac (Comunidad de Estados de Latinoamericana y el Caribe). En palabras del historiador cubano Rafael Rojas, "más pragmáticos que ideológicos o doctrinarios como el Alba".

"La diversidad ideológica de la izquierda iberoamericana ha acabado por imponerse sobre el proyecto hegemónico bolivariano", sentencia la publicación. Desde mi punto de vista, el "Socialismo del Siglo XXI" nunca llegó a tener el sustento que sí tuvo el "Socialismo Real" de la ex Unión Soviética, que fue una de las dos superpotencias que por más de cuarenta años libraron la "Guerra Fría".

Fueron los petrodólares lo que aumentó desmesuradamente la influencia de Venezuela en la región y tuvo el potencial de haber durado más pero su manejo lo empezó a hacer decrecer de manera continua y ahora que se han desplomado los precios del petróleo, se desvanece. Permanecerán resabios por algún tiempo, como por casi dos años sobrevivió el "Pacto de Varsovia" (bloque de contención a la OTAN), tras la caída del Muro de Berlín, pero su influencia disminuye de forma acelerada.

Por ello lo de "Ocaso del Alba".

Mala noche habrán pasado los asistentes a la reunión del décimo aniversario de la creación del Alba. Unos más que otros, algunos de forma más directa otros menos directa, porque no creo que haya alguien recibido buenas noticias del balance de diez años. Setenta años el Socialismo Real, diez el Socialismo del Siglo XXI, fríos períodos de tiempo que no reflejan el sufrimiento causado a sus ciudadanos, a los que viven y sufren bajo el yugo de este tipo de regímenes.

Pero también es oportunidad para quienes se identifican con estas iniciativas, de pensar un tanto más en lo que viene más allá del Alba.

*Director Editorial de EL DIARIO DE HOY.