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Un maestro

Existen ciertos detalles que permiten reconocer a un verdadero maestro. El conocimiento de la materia y el manejo de las técnicas, son lo obvio. Muchos, con mayor o menor esfuerzo, logran esto. Pero el maestro, además de dominar su ciencia, tiene el don de trasmitirla de una manera extraordinariamente eficaz. Posee la habilidad de hacer que parezcan sencillos conceptos complejos. Asimismo, y esta es una cualidad más humana que intelectual, tiene la generosa actitud de brindar lo que conoce sin ninguna reserva, sin egoísmo. Le interesa que los demás lleguen a saber tanto como él. Estos son los detalles que hacen la diferencia.

La Psiquiatría en El Salvador está de luto. El viernes 23 de mayo, a los 85 años, murió uno de sus más insignes representantes. Se fue en paz con Dios y con el mundo. El Dr. Miguel Ángel Fortín Magaña deja un legado que trasciende su vida, y eso es lo más grande que puede aspirar un ser humano. Resultaría en verdad difícil encontrar hoy día en nuestro país un médico psiquiatra que no esté en deuda con este hombre sabio y amable. Generaciones de profesionales tenemos esta deuda que durará muchos años y que no es posible pagar.

El doctor Fortín Magaña nació en Ahuachapán dentro de una familia de grandes dotes intelectuales y morales. No extraña, pues, que llevara en sus genes el factor intelectual. Decidió dedicarse a la ciencia. Estudió Medicina en la Universidad de El Salvador y se especializó en Psiquiatría en la prestigiosa Universidad de Londres.

A su regreso trabajó por un tiempo en el Hospital Psiquiátrico Nacional. A mediados de los setenta fundó la Unidad de Psiquiatría del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, que sería la base del Hospital Psiquiátrico, del que fue director por muchos años. En 1989, junto con el doctor Francisco Paniagua, fundó el Programa de Especialización en Psiquiatría, que se mantiene a la fecha y que ha dado a El Salvador más de cincuenta especialistas. Fue, junto a otros distinguidos psiquiatras, fundador de la Asociación Salvadoreña de Psiquiatría, entidad que se ha destacado por sus aportes científicos y gremiales.

Los psiquiatras que tuvimos el privilegio de participar en las conferencias clínicas cuando el doctor Fortín Magaña todavía ejercía, lo recordaremos con admiración y cariño. Yo, en lo particular, recuerdo cuando nos explicaba su punto de vista sobre casos complicados. Después de que nosotros, psiquiatras y residentes, debatíamos con vigor nuestras apreciaciones, y creíamos estar en lo correcto, el doctor tomaba la palabra. En una forma calmada y sin ninguna intención de contradecir a los demás, daba su opinión. Y la luz llegaba, todo quedaba claro y no había en verdad más que decir. Salíamos reconociendo su sabiduría sin pretensiones, y satisfechos de haber aprendido un poco más de esta ciencia que estudia la parte más delicada de la naturaleza humana.

Pero también recuerdo, con más cariño aún, el don de gentes del doctor. Su trato siempre amable, la suavidad de su tono de voz, la paz que trasmitía. Jamás le escuché una palabra subida de tono, un gesto de impaciencia o impulsividad. Es cierto que aprendimos de él mucho de Psiquiatría; sin embargo la enseñanza más importante que nos legó fue sobre la vida, de cómo se debe vivir. Todo él, su historia, su trabajo, sus logros, su integridad, fue un ejemplo de esto. Tarea cumplida doctor, que descanse en paz.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.