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El lugar de trabajo

Para el hombre, es de vital importancia su trabajo y el lugar donde lo desempeña, ya que es a través de la labor diaria, bien hecha, que logra su plena realización como persona. Y está comprobado, que el ambiente, las condiciones y el lugar, son determinantes para lograr una mayor eficiencia y sana autoestima.

Los salvadoreños, que nos preciamos de ser laboriosos y tesoneros, trabajamos con el orgullo de estar contribuyendo a la grandeza de nuestro país, independientemente del esfuerzo que esto suponga: llegar en bus o a pie, si hay paro, o levantarse de madrugada para hacer frente a nuestras muchas obligaciones.

Sólo los diputados de la Asamblea Legislativa no entran dentro de esta categoría, pues no acostumbran presentarse con puntualidad al salón azul, o su frecuente ausencia hace que falte quórum en muchas comisiones, y llega a ser noticia cuando estos sufridos funcionarios, se retiran a un hotel de playa, para una durísima jornada de trabajo, con agotadoras discusiones hasta de 4 horas, según afirman. ¡Verdaderamente heroicos!

El colmo fue la ardua planificación de la agenda 2013, que la junta directiva llevó a cabo en el rancho que poseen en la Costa del Sol, acompañada de cocteles y bebidas. Ante el aluvión de críticas sobre esta folklórica manera de trabajar, las justificaciones de los esforzados funcionarios fueron de lo más creativas: que era para constatar si se habían realizado las reparaciones a los daños dejados por la presión tropical 12-E, en octubre 2011, y si los seguros habían respondido. Habría bastado contratar a un ingeniero para hacer la inspección, en lugar de la fiesta. Las justas críticas indignaron al presidente Otón Sigfrido quien respondió que el rancho es propiedad pública, pues muchos privilegiados ya han disfrutado de sus instalaciones. Para luego argumentar, enojado, que como era propiedad privada, no se permitía la entrada a la prensa.

Comparemos esta situación, con el lugar de trabajo del grupo de 165 jóvenes salvadoreños, ubicado a miles de kilómetros, en Pasadena, California, y que no escatimaron esfuerzos para conseguir los medios que les permitieran emprender, un largo viaje, para llegar a representar al país, en el tradicional Desfile de las Rosas, el 1° de enero. Se rebuscaron para realizar diferentes actividades para recaudar los fondos necesarios, y como no lograron patrocinio para comprar los boletos aéreos, viajaron por tierra durante 178 horas, entre incomodidades, peligros y la inseguridad del recorrido, hasta realizar el sacrificio de pasar, la entrañable fecha de Navidad, en una gasolinera, lejos de sus familias.

Trabajaron duro para conseguir los uniformes, sus instrumentos y todo lo relacionado con alimentación y estancia en USA, donde afortunadamente fueron generosamente acogidos por la comunidad salvadoreña allá radicada. Como un rasgo de generosidad, la Asamblea Legislativa les donó la gruesa suma de $20,000, y en lugar de sentirse avergonzados ante semejante tacañería, y gastarse $200,000 en regalitos y obras de arte, comprados con dinero de nuestros impuestos y que no han querido justificar, tuvieron el cinismo de publicar en los periódicos una página entera de felicitación para la banda, orgullosos de haber contribuido al viaje.

¿Por qué aquéllos a quienes resulta tan fácil llegar a su lugar de trabajo, lo realizan de manera tan mediocre que merece severas críticas de la población, y que para otros, haya sido un verdadero calvario, coronado con una brillante y emotiva actuación, que llenó de orgullo y de admiración a todos los que pudieron presenciarla? Esta juventud, sí es una esperanza para la Patria. Felicitaciones y la admiración de los salvadoreños.

* Columnista de El Diario de Hoy.