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Los vendedores del nuevo Mercado Cuscatlán tendrán que cobrar IVA y ofrecer salario mínimo

Estoy seguro que el alcalde Bukele quiere potenciar vendedoras autosostenibles, para que no continúen padeciendo como muchas que, después de diez o treinta años de operar un negocio, siguen dependiendo a diario del usurero para financiarse

El alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, anunció con bombo y platillo que el próximo 1 de marzo inaugurará el nuevo mercado municipal Cuscatlán. El inmueble en el que se alojará a los vendedores, quienes antes deambulaban por las calles del centro de la capital, es un edificio con acabados de lujo, dignos de un centro comercial de primera. Según información preliminar, el mercado contará con aire acondicionado central, escaleras eléctricas, ascensor, varios niveles, locales de diferentes tamaños, parqueo amplio, servicios sanitarios en buen estado, guardería, clínica de salud, seguridad, agua potable, energía eléctrica, iluminación LED y Wi-Fi.

Esta inversión municipal va en línea con la política de nuevas ideas y modernidad que impulsa el edil Bukele. Por lo tanto, creemos que es consecuente que dentro de estos objetivos trazados se encuentre uno totalmente ignorado por todas las administraciones anteriores de este municipio y de los demás del país. Me refiero a la necesidad de formalizar a las vendedoras y sus proveedores antes de que tomen posesión de sus “puestos” o mejor dicho locales. Sería un gran avance en materia de emprendimiento, de reducción de la evasión fiscal y de acceso al sector financiero formal.

El Ministerio de Hacienda debería facilitar el proceso de formalización, que puede ser tan sencillo como otorgar un número de registro de IVA para personas naturales o asesorar cómo constituir una sociedad de administrador único o de junta directiva. Asimismo, el Ministerio de Trabajo podría capacitar a los futuros empresarios formales en la elaboración de planillas, desde el cálculo de cotizaciones de ISSS y AFP, con sus respectivos aportes patronales, así como de las retenciones de impuestos sobre la renta. Si se pretende ofrecer condiciones dignas a los vendedores, igualmente habrá que garantizarles lo mismo a los empleados de ellos, como decir salario mínimo, aguinaldo, vacaciones anuales y otras prestaciones laborales. La formalización tendría que ser requisito indispensable para poder optar a un local en el mercado Cuscatlán.

La alcaldía pudiera instalar una oficina dentro del edificio, con un pequeño equipo de contadores, pagados por la municipalidad, para apoyar en la preparación de las declaraciones mensuales de IVA, cotizaciones de los trabajadores, aportes de los empleadores, retenciones de impuestos sobre la renta de los empleados, pago a cuenta de los negocios, etc.

En nuestro medio, desgraciadamente, la formalización de un negocio es opcional, mientras que en países desarrollados, es obligatoria. Se llega al absurdo cuando el inversionista o vendedor que decide voluntariamente formalizar su empresa es sujeto de supervisión, por no decir acoso, de parte de auditores de Hacienda y Trabajo. En cambio, el que opta por permanecer en la informalidad no es objeto de ninguna inspección, ni mucho menos multas o cierre del negocio. Esto no tiene sentido ni debe permanecer así.

No puede ser tolerado que los negocios alojados en pequeños centros comerciales alrededor del mercado Cuscatlán sean sometidos a auditorías periódicas, a pesar de estar operando en centros comerciales de segunda o tercera categoría, comparados con el Cuscatlán, mientras las vendedoras de este último estén exentas de toda regulación fiscal o laboral. Si las microempresas de centros comerciales pueden llevar una contabilidad básica de su actividad, también lo podrán realizar las del Cuscatlán, especialmente si cuentan con apoyo contable y administrativo brindado por la alcaldía.

El afirmar que los vendedores no son capaces de llevar un control mínimo de sus ingresos y egresos con ayuda de registros contables y administrativos, es subestimarlos, sin darles la oportunidad de que se desarrollen como empresarios modernos, que no necesitan para sobrevivir de exenciones fiscales y laborales permanentes. Estoy seguro que el alcalde Bukele quiere potenciar vendedoras autosostenibles, para que no continúen padeciendo como muchas que, después de diez o treinta años de operar un negocio, siguen dependiendo a diario del usurero para financiarse.

*Asesor Financiero,
MBA, Wharton School