Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Los problemas de operar en dos monedas

Uno de los resultados del boom de las materias primas en los países que las exportan fue que sus monedas se apreciaron sustancialmente con respecto al dólar, con lo que muchos pensaron que los países exportadores de materias primas eran más fuerte que los países desarrollados, que sus políticas económicas eran mejores y que estaban ya convirtiéndose en el motor de la economía mundial.

Las tasas de interés en monedas locales, sin embargo, se mantenían altas porque la gente temía que, aunque en ese momento dicha moneda se estaba apreciando con respecto al dólar, en algún momento se iba a devaluar contra ella. En cambio, tomar dinero prestado en dólares era bien barato, tanto porque las tasas en dólares estaban bajas como porque al apreciarse la moneda local las tasas de interés en la moneda local bajaban. Supóngase que usted debe en dólares con tasas de interés del diez por ciento pero gana en rublos rusos, y suponga también que los rublos se aprecian en diez por ciento en un año. Medido en rublos, usted está pagando cero de interés en los dólares que debe, porque usted paga diez por ciento en dólares, pero los dólares valen ahora diez por ciento menos en términos de rublos.

Además, debido al riesgo de devaluación, los créditos a largo plazo en estas rublos de estos países eran escasos. En cambio, en dólares, ellos podían tomar prestado a largo plazo. Tomar dinero prestado en dólares para empresas y personas que ganaban en rublos pareció convertirse en una panacea. Largo plazo y tasas muy bajas de interés. Como la gente creía que las circunstancias de esa década eran permanentes, nadie creía que había peligro en deber en dólares ganando en rublos.

Pero la situación no era permanente. Como ha pasado tantas veces en la historia de los países exportadores de materias primas, el boom de estas pasó y sus precios cayeron. Las rublos se comenzaron a devaluar, con lo que las tasas de interés de los que deben en dólares de pasar a ser bien bajas han pasado a ser bien altas. En el mismo ejemplo, el que debía al diez por ciento en dólares y sus rublos se devalúan en diez por ciento termina pagando veinte por ciento de interés en la moneda en la que gana, los rublos. Pero también la cantidad que debe en dólares ha subido en diez por ciento. Al devaluarse el rublo, los pagos se vuelven más grandes y las cantidades adeudadas también.

Usted puede pensar que en ese momento los deudores en dólares pueden tomar dinero prestado en rublos para pagar las deudas en dólares. Pero eso no resuelve el problema, porque las tasas en rublos, que ya eran más altas que en dólares (por eso la gente tomó dinero prestado en dólares) también han subido para compensar por la devaluación. La gente que tiene rublos descubre que está perdiendo dinero con la devaluación (en este caso diez por ciento al año) y compra dólares para sacarlos del país.

Las tasas de interés en rublos aumentan para evitar que la gente haga esto y se acaben las reservas en dólares del Banco Central. Entonces, en el momento en el que más se necesita que las tasas de interés bajen para evitar un colapso financiero, éstas suben por la dinámica de los mercados cambiarios. La única manera de evitar que haya una quiebra generalizada entre la gente que tomó dinero prestado en dólares ganando en rublos es evitar que la moneda siga devaluándose, lo cual requiere subir las tasas de interés en rublos, lo cual amenaza también a los que tomaron prestado en rublos desde el principio.

Esto es lo que le ha pasado a Rusia y a muchos otros países, incluyendo varios en América Latina. La tasa de préstamos bancarios está por encima de 30 por ciento. En el peor de los momentos, usted termina con tasas altísimas en dólares pagados en rublos. Estos son los resultados de creer en las panaceas monetarias, que manipulando la moneda aquí y allá va a lograr lo que solo la competitividad real puede lograr.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.