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Los primeros cien días

La publicación de una encuesta de opinión de LPG Datos sobre las labores del nuevo gobierno coincidió con el final de los primeros cien días de éste. Sólo el 9.8 por ciento aprueba mucho de la gestión del gobierno, mientras que sólo el 30 por ciento aprueba algo. El 24.8 por ciento desaprueba algo, y el 22 por ciento desaprueba mucho.

Siguiendo una tradición que existe en los medios salvadoreños, estos resultados han sido reportados sumando los que aprueban mucho con los que apenas aprueban algo. Pero aprobar algo no quiere decir aprobar al gobierno. En realidad los que lo aprueban son 9.8 por ciento.

Él ha acusado a los medios, y en particular a La Prensa Gráfica, de creado el ambiente para que la gente diera esas opiniones influenciándolos con campañas antigubernamentales, arguyendo además que 100 días es un tiempo demasiado corto para mostrar resultados de gestión.

Ciertamente, nadie puede esperar que los problemas del país se resuelvan en cien días. Pero la ciudadanía puede muy razonablemente esperar que en ese período el nuevo gobierno hubiera definido clara y realísticamente sus objetivos y prioridades, establecido las estrategias para lograrlos, y puesto en su lugar los instrumentos institucionales necesarios. En vez de esto, lo único que los ciudadanos han visto es un gobierno paralizado, que no tiene ni idea de lo que son los problemas del país excepto en una manera muy superficial, y que tiene aún menos idea de cómo se pueden resolver.

Esto lo percibe la población. También percibe que esa parálisis no ha sido generalizada. Hay dos áreas en las que el gobierno y el FMLN se han movido muy rápidamente. Primero han armado una campaña para desactivar la preocupación de la ciudadanía que movilizó 5 por ciento del electorado a votar por ARENA entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones de 2014.

La campaña ha sido muy activa, incluyendo promesas continuas y variadas de establecer un diálogo con la sociedad, insistiendo en que están conscientes de que el gobierno necesita la cooperación de los inversionistas para lograr el crecimiento económico y el empleo que el gobierno dice querer generar. La campaña no ha tenido ninguna sustancia, no se ha discutido nada de importancia porque su propósito no es lograr nada sino hacer el mate. Hubo una excepción.

El tema de los impuestos demostró que al acercarse a la realidad, el pretendido diálogo era simplemente una cortina de humo para distraer a la sociedad mientras el gobierno y el FMLN hacen lo que les place y preparan el camino para "profundizar las reformas" después de las elecciones de 2015. Esto es la segunda área en la que el gobierno se ha movido. Pasar unas reformas tributarias que estaban mal diseñadas desde el principio mientras seguían hasta el último minuto diciendo que iban a escuchar sugerencias.

Hicieron una campaña para esconder lo que iban a hacer hasta que lo hicieron, y lo que hicieron fue una muestra de incompetencia. ¿Cómo quiere el gobierno que la población reaccione ante esto? Ninguna de estas cosas mejora al pueblo.

En términos de las necesidades del pueblo, el gobierno no ha hecho nada ni ha dado siquiera orientación de qué es lo que planea hacer. Sólo dan declaraciones vagas, y manifiestan que el pueblo debe apoyarlos aunque no sepan qué harán. Sólo chequee. El 58 por ciento del pueblo dice que no están cumpliendo las promesas en general, el 65.1 por ciento que no están cumpliendo las de seguridad, y el 64.3 por ciento que no están cumpliendo las económicas. ¿Qué quería el gobierno que dijera el pueblo?

El gobierno debería de leer esta encuesta como un baño de realidad que le debería de ayudar a enfocarse en sus problemas y resolverlos. Pero ha reaccionado de una manera muy negativa y con insultos. El problema es que, teniendo muy pobres capacidades, también está demostrando que tiene mucha prepotencia.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.