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Los políticos usarán corbatas de seda Pineda Covalin

Revisando el presupuesto de algunos gastos navideños, autorizados por el presidente o la Junta Directiva o toda la cúpula de la Asamblea Legislativa, me encontré con un lote específico que me llamó la atención, el número 54314, solicitado por el presidente del Órgano Legislativo, bajo el concepto general "regalías", que muestra un detalle: "corbata de seda línea Pineda Covalin", el proveedor, "Pineda Covalin, S.A. de CV, Pineda Covalín", gestionado por Karla Recinos, una cantidad de 50 unidades con un valor de 1, 708.00 dólares ( o sea que cada corbata costó 34.16 dólares).

Pasando por alto quiénes y por qué recibieron este "regalito de Navidad", lo cuestionable de la acción, dada la crisis por la que atraviesa el país, y el hacer uso de fondos del Estado "para quedar bien con otros", me llamó la atención que se trata de un producto de seda.

Las corbatas de los "caballeros" del Siglo XIX no eran de seda sino de lino blanco o fino encaje, es hasta finales de ese mismo siglo cuando se descubrió la seda como material para decorar los cuellos. Entre otras cosas, como dicen los historiadores, esta nueva posibilidad nace como resultado de la progresiva industrialización, y la capacidad de producir en masa las telas de seda que antes eran tan escasas.

El compendioso proceso de producción de la seda original, extraer el hilo de las orugas que se han envuelto completamente en su capullo, luego de ser cocidas en agua hirviendo y aire caliente, ha dado paso a un proceso de creación sintético de seda masificado por la industrialización. Evaluar la calidad de la seda es difícil, sobre todo diferenciarla entre la auténtica seda y la sintética. Un método sencillo y fácil, dicen los que saben, consiste en presionar y arrugar la corbata; una buena seda es capaz de superar esta prueba sin quedar arrugada.

¡Cuidado! no les aconsejo que prueben con su regalito de Navidad, el precio nos puede dar el parámetro que es buena, pero no se garantiza que sea excelente. Y he aquí un segundo y significativo punto de estas corbatitas: se trata de corbatas que no tienen su origen en la marca tradicional de Hamburgo, Laco, ni la italiana Tino Cosma o de la renombrada Atkinsons, sino de la mexicana, Pineda Covalin, una casa de moda que se caracteriza por utilizar los patrones tradicionales, figuras e imágenes de las culturas mayas o aztecas, creadas por los jóvenes diseñadores Cristina Pineda y Ricardo Covalin.

Por supuesto, el precio de las corbatas mexicanas, por lo menos el del informe oficial de la Asamblea Legislativa, es de menos de 35 dólares, mucho menos de lo que pueden costar las otras marcas que oscilan entre los cuarenta y los cincuenta dólares. Aunque debemos decirlo con claridad, hay corbatas mucho más caras, como las italianas Corbatini de unos 1,400 dólares o más, y en el otro extremo, las más baratitas de unos 5 dólares. Por supuesto estas diferencias abismales dependen no sólo de la marca, que es importante, sino también, fundamentalmente, del estilo, la tela y el bolsillo.

De lo que sí estamos claros son de dos cuestiones: se compraron corbatas de 35 dólares, de seda, de una casa mexicana moderna que se combina con lo tradicional; buen regalito, sobre todo cuando se trata de dineros del Estado, fondos públicos utilizados para "cumplir con la tradición" de dar un pequeño obsequio en Navidad.

Por otro lado, y sin querer entrar a los códigos de ética y de transparencia, estas acciones de los diputados, son las que generan "mal sabor" e indignación entre la ciudadanía que rechaza el actuar de los políticos de turno.

Antes se rasgaban las vestiduras cuando eran políticos de la derecha que se aprovechaban del cargo, ahora resulta que son los llamados diputados de izquierda quienes también usan carros de lujo, caravanas de guardaespaldas, firman con mano libre para gastos de representación o, simplemente, "regalías" para quedar bien. El país necesita actitudes más constructivas y ejemplares de sus dirigentes, que actúen y se comporten como los ciudadanos comunes y corrientes, que se la pasan a palitos para sortear el día a día, capaces de entenderse con los demás para buscar solución a los grandes problemas del país; capacidad de escuchar, entender al otro y poseer una gran dosis de tolerancia para ver y actuar con creatividad.

Los políticos tienen el deber, la obligación de enderezarse y ponerse a la altura de los ciudadanos honestos que viven de su trabajo y no de presupuestos generados por el sudor de otros.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com