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Los poetas tenían razón

Un grupo de cerca de 20 personas fueron sentadas en una cámara de control de la célebre universidad de Stanford, una de las mejores del mundo. Frente a ellos pusieron una pantalla que les presentaría diferentes fotografías con imágenes de belleza, como lagos, universos, colores, paisajes. Y también les mostrarían fotos horribles de violencia, serpientes, sangre. Las imágenes estaban mezcladas de manera aleatoria por una computadora.

Los corazones de cada uno de los presentes estaban siendo monitoreados con aparatos de alta precisión, manejados por expertos en neurociencia. De lo que se trataba era de observar las reacciones del corazón ante las imágenes que aparecerían en la pantalla. Lo sorprendente es que el órgano que bombea sangre hasta el último rincón de nuestro cuerpo, desarrollaba una respuesta neurológica antes de que la foto apareciera en pantalla.

El corazón mostraba signos de gozo si la foto que vendría era de belleza, y de estrés o sufrimiento si la imagen por el contrario era negativa. Vale apuntar que entre una foto y otra había siempre una pausa. Los científicos realizaron otros experimentos en otras universidades y llegaron a la conclusión de que el corazón percibe claramente lo que va a ocurrir. Se adelanta en sus reacciones al futuro inmediato.

Y no es para menos. Las investigaciones de los últimos años han descubierto que el corazón no es un simple músculo, una válvula encargada de bombear sangre. Resulta que está dotado de más de 40 mil neuronas. Es decir un pequeño cerebro, que a decir de la experta en matemática e investigadora de la conciencia Annie Marquier "gracias al corazón tenemos una forma de pensar emocional dado a que cuenta con un cerebro propio e independiente".

El corazón genera cargas electromagnéticas que hacen que ahora un electrocardiograma pueda hacerse a un metro de distancia de una persona. Eso explica que uno sienta buenas o malas vibras provenientes de una persona.

De acuerdo a los científicos ese cerebro que posee el corazón aloja las emociones más sublimes, y está ligado más a los valores, la belleza y la intuición que a los procesos de pensamiento y análisis del cerebro que tenemos en la cabeza. Blas Pascal, filósofo, físico y matemático francés, solía decir "que el corazón tiene razones que la razón desconoce".

Todo lo anterior demuestra que los poetas tenían razón total cuando en sus bellas metáforas colocaban al corazón como el centro del amor y las más desbocadas pasiones. Razón tienen también esas buenas señoras cuando a uno le advierten que no haga tal o cual cosa porque según les "dice" su corazón de madre, nos irá mal. Hasta los detectives de la televisión estaban en lo cierto cuando hablaban de tener "corazonadas".

Pero lo más importante de acuerdo a las modernas neurociencias es que en el corazón reside la capacidad intuitiva. Si, esa, que según los fundadores de las milenarias filosofías de Oriente y de Europa, como el taoísmo, el budismo y la escuela hermética, debemos seguir sin vacilación para caminar por el camino correcto y ser felices en el viaje de la vida.

En su célebre discurso frente a una clase de graduandos, precisamente de la Universidad de Stanford, el genio creador de esos maravillosos y diminutos dispositivos computarizados, Steve Jobs, insistió mucho a los nuevos profesionales, a seguir la intuición de su corazón y "no dejar que el ruido de las opiniones de los demás ahoguen su propia voz".

"Su tiempo es limitado --dijo Jobs a los estudiantes-- no lo gasten viviendo la vida de otros… tengan el coraje de seguir a su corazón y a su intuición". Y la verdad es que una forma de encontrarle sentido a la vida y tener una existencia más feliz es haciendo lo que a uno le gusta. O dicho de otra manera amar lo que uno hace. Y, según el ya fallecido y mencionado Steve Jobs, encontrar ese talento sólo se logra escuchando nuestro propio corazón, maravilla de la creación de Dios.

Después de todo la ciencia ha demostrado lo que los poetas y los grandes sabios siempre han sabido: todo está en seguir nuestro corazón.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com