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Los pavos de la fiesta

El exceso de demanda por efectivo se llena disminuyendo las reservas. Pero cuando estas reservas se acaben, las tasas de inflación y de interés van a subir

Es extraordinario que casi nada está pasando en los mercados mundiales de acciones y bonos a pesar de que una tendencia que ha predominado por más de 35 años está a punto de cambiar radicalmente. Durante este tiempo las tasas de interés han bajado casi continuamente hasta niveles tan bajos que ha establecido récords. En el proceso la Fed, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón (que son los que emiten las monedas que afectan al mundo), han tenido que crear enormes cantidades de dinero para causar esa caída de las tasas de interés. 

Habrá mucha gente que cree que estos bancos centrales sólo dicen que la tasa de interés será tanto y ya sucede porque toda la gente le hace caso. No es así. Las tasas de interés son libres en el mundo. En el corto plazo, que es donde operan los bancos centrales, dependen del equilibrio entre la demanda y la demanda por efectivo. Si la disponibilidad de efectivo en el mercado no cambia y la gente aumenta su demanda por él, la tasa de interés sube, y viceversa. Para bajar la tasa, los bancos centrales incrementan la oferta de efectivo, es decir, ponen a funcionar la maquinita de hacer dinero.
 
Típicamente, la creación de dinero resulta en bajas tasas de interés sólo en el futuro inmediato. Después de un tiempo, resulta en mayores tasas de interés porque la creación de dinero resulta en inflación, que aumenta las tasas automáticamente. La inflación aumenta porque la demanda por bienes y servicios creada por el nuevo dinero excede los aumentos de la producción, creando una escasez artificial que el mercado resuelve aumentando los precios. 

Esto no ha pasado últimamente por razones muy especificas. El nuevo dinero creado en, digamos, Estados Unidos llevó a aumentos en la demanda por bienes y servicios, muy por encima de lo que crecía la producción en ese país. Pero el exceso creación monetaria no resultaba en inflación por tres razones. Una, porque, estando en recesión, el efectivo adicional no se traducía en nuevos créditos sino que acumulaba en los bancos, que se mantenían muy líquidos. Con los créditos creciendo poco, la demanda por bienes y servicios aumentaba poco. Dos, porque China y otros grandes exportadores, como Alemania podían llenar lo poco que aumentaba la demanda sin aumentar los precios: China porque sus salarios no subían y Alemania por su alto uso de robots, cuyos costos no subían tampoco. Tres, porque muchos países emergentes, que gozaron de un boom de materias primas, también acumularon muchas reservas que no gastaban, dejando la demanda por bienes y servicios sin cambiar.  

Pero ahora los salarios en China ya comenzaron a subir, y los gobiernos de los países emergentes están gastando sus reservas muy rápidamente para que sus monedas no se devalúen. Mientras estas reservas existan las tasas de interés no subirán aunque haya subido la demanda por efectivo. El exceso de demanda por efectivo se llena disminuyendo las reservas. Pero cuando estas reservas se acaben, las tasas de inflación y de interés van a subir, quieran o no los bancos centrales,. Y entonces los precios de las acciones y de los bonos caerán muy rápidamente también. Mucha gente tendrá pérdidas muy grandes.
 
Hay gente que cree que las tasas de inflación y de interés no subirán porque no han subido en muchos años y, a pesar de las advertencias de la Fed de que subirán las tasas de interés para que no haya inflación, siguen apostando a que los precios de las acciones y de los bonos van a seguir subiendo. Los que creen esto son como choferes que manejan viendo solo el espejo retrovisor, y creen que si por muchos kilómetros la calle ha sido recta, no puede haber una curva, y que si la hay no será cerrada y les dará tiempo para voltear a ver adelante. O como el pavo que piensa que tiene un futuro brillante al llegar Navidad porque el dueño de la granja lo ha alimentado ya por muchos meses. Al final, terminan siendo los pavos de la fiesta, los que se quedan con las papas calientes. 
 

*Máster en Economía,
Northwestern University.
Columnista de El Diario de Hoy.