Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Los muertos que hablan

Durante los últimos años, los zombis se han convertido en parte importante de la cultura popular occidental. Series televisivas como The Walking Dead, cuyas tramas giran alrededor de ejércitos de muertos vivientes que acechan a unos pocos sobrevivientes, han despertado el interés de muchos televidentes y otros entusiastas de temas oscuros. Es común, por ejemplo, escuchar sobre eventos como las caminatas zombi (o zombie walks, como se conocen en inglés) en las que fanáticos de este tipo de programas se reúnen disfrazados de zombis y caminan juntos por las calles de la ciudad fingiendo ser muertos vivientes. Aunque este relativamente nuevo fenómeno me parece en extremo curioso, no participo del entusiasmo de quienes están inmersos en él.

Sin embargo, entiendo cómo muchos, debido a la reivindicación de los zombis como tema de conversación, podrían haber interpretado que, por el título de este artículo, escribiría sobre un tema vinculado a esa peculiar variedad de entretenimiento. Lastimosamente no es el caso. Pretendo discutir una situación grave y, por lo tanto, muy alejada de la ficción de Hollywood.

Al principio de este mes, la Fiscalía General de la República descubrió uno de los cementerios clandestinos más grandes del país en el municipio de Colón del departamento de La Libertad. Decenas de cadáveres fueron recuperados de fosas ilegales. Según declaraciones de las autoridades, los cuerpos encontrados en el lugar pertenecen a víctimas asesinadas por pandilleros, sepultados con el objetivo de esconderlos y, en consecuencia, evitar su registro en las estadísticas oficiales.

Las implicaciones de este hallazgo fueron resumidas muy bien por el jefe fiscal encargado de la investigación, quien en sus declaraciones enfatizó que "la tregua sólo existe en la mente de los ignorantes" y reveló que las pandillas han seguido asesinado, pero que están ocultando a sus víctimas. Estas afirmaciones son congruentes con las cifras de personas reportadas como desaparecidas, que alcanzan alrededor de mil este año. Otro jefe fiscal, en su cuenta de Twitter, arremetió contra quienes piden apoyar "la tregua" y señaló que mientras éstos pelean porque la ciudadanía acepté la cuestionada iniciativa gubernamental, los pandilleros se refieren a los homicidios en los sepultan a sus víctimas como "cultivar o hacer maceta".

Aunque los cadáveres encontrados en Colón no se parecen en absolutamente nada a los The Walking Dead, si le gritan a El Salvador a todo pulmón que "la tregua" es un engaño y que ese espejismo creado por funcionarios y salvadoreños malintencionados, esconde una realidad cruenta, que augura un futuro oscuro para nuestro país.

La mentira diseñada e implementada por David Munguía Payés, exministro de Justicia y Seguridad Pública, y avalada por Mauricio Funes, presidente de la República, progresivamente se pone al descubierto. Como lo he mencionado en varias ocasiones, la historia demuestra que los oscuros detalles de este tipo de estrategias y las personas involucradas, se terminan conociendo con el tiempo. Hallazgos como este irán develando la realidad detrás de "la tregua".

No obstante, esto no es como la varicela, que solo se sufre una vez. Aunque el país se recupere de esto, no significa que estará por siempre inmune a que el Gobierno pacte con estructuras criminales. Mientras existan organizaciones criminales tan poderosas e influyentes como las que operan en El Salvador, siempre se correrá el riesgo que éstas logren seducir a los políticos, especialmente en coyunturas electorales como la actual.

Identificar y castigar a los que participaron de las negociaciones con criminales sirve con un poderoso disuasivo, que desanimaría a quienes pretendan seguir los pasos de Munguía y Funes. Esto es algo que los salvadoreños debemos de exigirle a las autoridades. No debemos sólo quedarnos con el trago amargo del asombro derivado de hallazgos como el de Colón.

*Criminólogo

@cponce_sv