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De los males, el menor

El año 2013 será histórico. Nos deja una herencia un tanto inusual: los peores candidatos de elección presidencial, hasta donde yo recuerdo.

Esto nos plantea un dilema: votar o abstenernos. Ambas se comprenden, la última, creo, no conviene. La gama nos impide elegir al mejor, pero sí, podemos descartar a los peores. En alguna medida habremos incidido en nuestro futuro. Al fin y al cabo, esa es la idea de este juego electoral. El trabajo de ir descartando a quienes pueden hacernos más daño y votar por el "menos peor", es muy propio, íntimo, personal; pero me permito arrojar algunas consideraciones que bien pueden servir.

Estamos sometidos a un bombardeo publicitario de populismo y demagogia, por parte de los tres candidatos y por una campaña inversa e ilegal, por parte del presidente de la república. Pero debemos desconectarnos de esa bulla, de esa verborrea incesante y fastidiosa, para enfriar nuestra cabeza y pensar por nosotros mismos.

Una vista panorámica de las opciones, nos muestra la del socialismo del siglo XXI, la del populismo mercantilista y por último, la rara mezcla de nacionalismo y liberalismo, endulzado con un populismo artificial.

Las tres nos llevan a un rumbo incierto. A mi parecer, unos caminos pueden corregirse sobre la marcha, pero en otros, se deberá regresar sobre lo caminado, pues nos llevan a un callejón sin salida.

Debido a gestiones irresponsables de gobiernos pasados, grandes sectores de la población, principalmente la rural, se convirtieron en tierra fértil para populismo. A eso se debe que todos quieran "sembrarlo". El populismo asistencialista, es aquel que mitiga las consecuencias de problemas estructurales en la sociedad, pero nunca resuelve nada. De hecho, estas personas son su mercado electoral cautivo. Para los populistas, es importante que estos "clientes" se mantengan para siempre con las mismas necesidades.

El socialismo del siglo XXI, ofrece un populismo asistencialista amplio y profundo. Es el eje principal de su proyecto. No digo que sea "malo" ni "bueno", pero definitivamente, es caro. Para este sistema, se necesita tener pozos petroleros o "sangrar" a los empresarios a un nivel de destierro y expulsión. El otro camino es seguirnos endeudando, con el peligro de llegar a un colapso, anarquía y una crisis jamás vivida en el país. El proyecto del FMLN, tiene un gran problema, es costoso, y dos grandes peligros que se ven venir: profundización del antagonismo gobierno/empresa privada y el colapso de Venezuela.

El populismo no es malo, siempre y cuando el gobierno tenga ingresos monumentales de fuentes propias y eternas. Así, puede pasarse repartiendo dádivas por los siglos de los siglos. Pero si no es así, deberá echar mano de la riqueza de otros. Esto, aparte de injusto, es inconveniente, porque desestimula la economía. El capital emigra y nos deja a la gente sin trabajo y con la mano extendida.

Nuestro país, por sus características propias, no puede aventurarse en un socialismo importado, que consume riqueza que no tenemos y que mata el ímpetu emprendedor, que sí, aún tenemos. Es mucho riesgo.

El populismo mercantilista. Creo que no se necesita mucho intelecto para saber a lo que llegaría. A diferencia del anterior, este no buscaría confrontar con los empresarios, pero sí buscaría apoyo tanto de ANEP, como de Alba, para montar programas asistencialistas, que lo catapulten a nivel de "redentor". A la vez que se quedaría con el "diezmo" y un poco de "ofrendas". Porque cayeron en la cuenta que esos programas, permiten corrupción que nadie se atreve a cuestionar. Las carreteras y los hospitales, se pueden cuestionar, el cemento no desaparece. Pero si unos cuantos miles de niños no recibieron su leche en un día o una semana, nadie lo sabe, al siguiente, ya nadie se acuerda. No se puede auditar el estómago de los niños.

El nacionalismo/liberalismo/populismo, es una mezcla extraña, con resultados un tanto vagos; pero seguro, conservará intacto el tejido productivo existente. La empresa privada tendrá que tomar protagonismo financiero, para los compromisos gubernamentales. Tendrá que invertir dentro del país, decidirse a crear empleo y a empujar la economía. Nuestro mejor patrimonio es nuestras ganas de trabajar, nuestra eficiencia, nuestro orgullo y dignidad. Nuestra libertad.

*Colaborador de El Diario de Hoy.