Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Los locos de San Salvador, un análisis actual

Hace un poco más de cuarenta años, en mi muy primera juventud, escribí una serie de relatos cortos que llamé "Los locos de San Salvador", eran narraciones simples de personajes imperecederos en la memoria de la ciudad, vistos ellos entre la niebla del recuerdo común, pero en todo caso con cariño. Un Te Pica, una Loca Amparo, un Carrito, entre otros.

Eran locos que además de su "tema" correteaban, insultaban o apedreaban a los que los molestaban, que se corrieron una que otra borrachera, que gozaban de uno que otro amor, de uno que otro chispazo de cordura. Pero eran realmente inofensivos.

Si ahora a mis sesenta y tantos años tuviera o quisiera escribir sobre los nuevos locos, más que una corta colección de breves cuentos pueblerinos, debería escribir una larga recopilación de locos con claras características de asesinos seriales. Con una capacidad de hacer daño que excede y en mucho lo que alguna vez imaginé para mis locos de los sesenta. Esta apreciación no responde a nostalgia, no es aquello de que lo pasado fue mejor, es simplemente una constatación de un estado de locura, tal vez nacional.

Está claro que la brutalidad y la saña de los locos asesinos actuales es grande y perversa en grado extremo; pero es que la locura se extiende más allá. Cómo no concluirlo si eso es lo que observaríamos al hacer una vista de nuestra sociedad a la distancia donde percibiríamos los gestos y las acciones de los actores políticos, de sus asociados y de los funcionarios de los últimos años, con el agravante de que estos "son" pero no lo parecen. Escribir esta otra parte obligaría a un segundo tomo del gran compendio de la locura en El Salvador de los 2000.

Como he dicho en otras ocasiones, el desaguisado es tal que los patos le tiran a las escopetas, es como aquel mundo bizarro de las historietas de Superman, el planeta Htrae, donde al igual que su nombre es el inverso de Tierra, en inglés Earth, lo bueno era malo y viceversa.

El país se debate frente al precipicio que significaría imbuirse en una sociedad controlada por las formas de crimen organizado, por la irresponsabilidad del manejo de los fondos públicos, por la inanición de la gestión de Estado, por la incompetencia de sus dirigentes, por las discusiones fútiles que ocupan casi el 100 % de las deliberaciones de los líderes partidarios, por la sobrevaloración de lo coyuntural sobre lo importante. En fin, por la locura.

Creo que los locos, mis locos, estarán compartiendo la eternidad donde les toque, pero que al observarnos deben sentir lástima de estos cuerdos que les sobrevivimos. Ojalá pudiéramos decir pronto, como lo dijo la Comisión de la Verdad, y que obviamente no se logró, que finalmente El Salvador ha iniciado la transición "De la locura a la esperanza".

*Abogado.