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Los jóvenes hacen la diferencia

Siempre he tenido la oportunidad de estar en contacto con jóvenes líderes y destacados que me han permitido ver la vida con esperanza. Recientemente fui invitado por quoote.net a dar mi opinión sobre el tema del relevo generacional y por la juventud de ARENA de los departamentos de San Salvador y La Libertad a un taller para definir nuevas propuestas legislativas. Ambas invitaciones han sido relevantes para volver a reconsiderar la importancia de compartir el liderazgo con esa vitalidad, energía, optimismo y sabiduría que sólo los jóvenes tienen.

Nosotros, los jóvenes de ayer, a veces perdemos la perspectiva y nos acomodamos. Perdemos la ilusión por nuestros sueños e incluso dejamos de soñar. No hay nada tan poderoso como el espíritu de los jóvenes para recuperar la esperanza y la alegría de vivir. Por supuesto que el ser nuevo o el ser joven no es garantía de un buen liderazgo. En la vida a veces encontramos nuevos más peligrosos que los viejos y jóvenes más viejos que sus ancestros.

Sin embargo, tal peligro no debe empañar la necesidad histórica de mantener un proceso permanente de relevo generacional en todos los ámbitos del quehacer humano. Uno de los retos más importantes de los líderes es la construcción de este relevo generacional. Es preciso siempre permitir que en las organizaciones haya cambio y haya espacio de crecimiento para los jóvenes. Por eso es tan sano que existan normativas que obliguen al cambio y que permitan que otros liderazgos surjan, en particular de los jóvenes.

Pero no sólo es necesario que haya apertura en los liderazgos actuales para permitir el relevo generacional, también es necesario que haya jóvenes que acepten el reto de ser más y dejar la indiferencia, la pasividad, el cinismo y la complacencia. Es necesario que haya jóvenes preparados y dispuestos a dar el paso al frente cuando sea el momento. Eso experimenté este fin de semana cuando discutimos con varios jóvenes en las mesas de educación y seguridad propuestas de solución para las necesidades del país.

Me parece oportuno comenzar a poner en la palestra política algunas de estas ideas. Es evidente que las oportunidades educativas son limitadas en el país, especialmente en el interior, y que la calidad deja mucho qué desear. Es necesario aumentar la inversión en educación. La meta debe ser subir dicha inversión de alrededor de 3.5% sobre el PIB a al menos un 6%. Una forma de comenzar a acercarnos a esta meta es a través de una ley de austeridad fiscal que obligue al Estado a destinar al menos el 10% del presupuesto del año anterior de las otras áreas a educación, salud y seguridad.

También se propuso aumentar el FODES al mismo tiempo que se transfieran nuevas responsabilidades a las municipalidades especialmente en el área educativa, cultural y deportiva. La inversión en infraestructura para centros de desarrollo infantil, canchas deportivas y espacios para actividades de recreación debe acompañarse del presupuesto operativo para garantizar sostenibilidad. Asimismo los jóvenes propusieron que se aprobara una ley que regulara la accesibilidad para estudiantes con discapacidad motora en todas las instituciones públicas y privadas.

¡Muy buenas iniciativas! Su demostrada capacidad de propuesta requiere que promovamos precisamente los espacios para la participación de los jóvenes. Las regulaciones que obliguen a la renovación más una voluntad clara de favorecer los jóvenes líderes permiten que en la sociedad los liderazgos se mantengan vibrantes. Una sociedad sana no cierra los espacios a sus jóvenes. Una sociedad en crecimiento favorece que desde la temprana juventud las personas acepten nuevos retos y nuevos compromisos. Una sociedad con futuro es la que permite que la experiencia y la juventud sean componentes ambos de los liderazgos necesarios.

*Colaborador de El Diario de Hoy.