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Los grandes perdedores

El reciente tragicómico proceso electoral (a mediados de esta semana todavía sin resultados oficiales) que puede calificarse de surrealista o de realismo mágico, tuvo tres grandes perdedores: 1) El pueblo salvadoreño, por el enorme retroceso en su joven democracia. 2) El TSE, perfecto ejemplo de incapacidad, ineficiencia e irresponsabilidad. 3) Las casas encuestadoras, especialmente las del sector universitario.

Los votantes soportamos una larguísima y millonaria campaña adelantada, sin que el TSE sancionara, ni los partidos políticos aceptaran dar a conocer sus legítimas fuentes de financiamiento, y hasta el mismo 1° de marzo, ALBA mantuviera sus anuncios para prometernos un futuro mejor que el presente, con $1,200 millones en exportaciones.

Y a pesar de todo, miles de ciudadanos de todas clases sociales, colores partidarios y edades, se sacrificaron sirviendo a la Patria en las mesas de votación, en condiciones ingratas, soportando un sistema burocrático absurdo y obsoleto, imposible de cumplir, con papel químico que solo marcaba 3 de las 15 copias de las actas que debían firmarse. Jornada de más de 30 horas, muchas con la única iluminación de los teléfonos celulares de los miembros de las mesas. Si así ocurrió en la ciudad capital, imaginemos cómo habrá sido en pueblos y municipios del interior.

La actuación del TSE es el ejemplo más perfecto de que sus funcionarios no fueron elegidos ni por su idoneidad para el cargo, su formación académica ni experiencia profesional. Pero como el Frente considera que "los cuadros del partido pueden ocupar cualquier puesto que la cúpula les asigne" aunque no sepan nada de nada, sus magistrados lo confirmaron. Ante la petición de ARENA de que el magistrado Olivo debía renunciar, respondió que "como a él lo había nombrado el FMLN, solo a ellos correspondía removerlo del cargo". ¡Qué diferente hubiera sido obedecer el mandato de que estos funcionarios no debían tener colores partidarios!

No pretendo enumerar las creativas explicaciones del magistrado Olivo, de robo, fraude, intoxicación, confianza en empresas contratadas, porque le dijeron que tenían experiencia. Pero los nefastos resultados eran esperados y anunciados, desde que se supo la contratación, sin la debida licitación, de 142 empresas locales para un proceso tan delicado. Y recordemos que el TSE no podía contratar empresas extranjeras con experiencia, porque el anterior tribunal quedó debiendo más de $3 millones a la empresa española contratada para las últimas elecciones, además de la deuda con el hotel que prestó sus instalaciones, y que fue pagada con más de un año de retraso. ¿Cómo podemos confiar en los resultados finales, si algún día llegan, luego que cada día aumentan historias increíbles, como que no han llegado todas las actas, que algunos del FMLN, integrantes de las mesas, tranquilamente votaron, se negaron a firmar y a mancharse el dedo, y tras dejar el DUI, desaparecieron delegando en un suplente?

De bochornoso puede calificarse el papel que jugaron las casas encuestadoras de conocidas universidades, ante la defensa que sus rectores hicieron de sus cifras en entrevistas de TV, atribuyendo insalvables diferencias entre los candidatos a la Alcaldía de S.S., hasta ridiculizar la encuesta de EDH, que fue la que más acertó en sus resultados. Pérdida total de credibilidad a datos tan parcialmente manipulados, que desdicen de la seriedad que se espera de la academia.

Quedamos en la incertidumbre del inesperado final que el TSE inventará a este ofensivo sainete, que ha generado justa indignación de la ciudadanía. Es urgente una seria revisión del Código Electoral, una separación de las funciones administrativas, y sobre todo, una rigurosa elección de los magistrados.

*Columnista de El Diario de Hoy.