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Los dos Nogales

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Hay una pregunta que de uno u otro modo ha sido recurrente en la historia de la humanidad: ¿qué hace que algunos países se enriquezcan mientras otros continúan hundidos en la pobreza? La gran cuestión es por qué los países fracasan, incluso sistemática y deliberadamente, tal como viene sucediendo en gran parte de áfrica y Latinoamérica, fracasos que ocurren incluso en países inmensamente ricos en recursos naturales, tales como Venezuela y Bolivia.

Para quienes creen que el destino de un país está escrito por la riqueza que esconden sus bosques, mares y subsuelos, por su clima o por su situación geográfica, es necesario que enfrenten los conceptos con la realidad: la riqueza de un pueblo no radica en sus recursos naturales sino en el conjunto de reglas políticas y económicas creadas e impuestas por el Estado y los ciudadanos colectivamente. Así podemos ver a una Venezuela inmensamente rica en petróleo pero sumida en caos político y económico, versus una Singapur que no tiene ni siquiera pozos de agua potable, pero es espectacularmente rica y desarrollada.

De igual forma, el atraso de algunos países tampoco se debe --tal como sostienen los ideólogos de izquierda-- a que los "países ricos" hubiesen hundido sus colmillos imperialistas en las venas de los países pobres a fin de succionar sus recursos. Si analizamos la historia de un país subdesarrollado, cualquiera que sea, descubriremos que la clave está en la fortaleza de sus instituciones políticas, en el respeto del equilibro de los poderes, en el imperio de las leyes, y en el respeto de las libertades individuales. Para un ejemplo veamos Haití, su severo atraso y subdesarrollo se deriva de lo errático de su gobierno, el cual pasó directamente de la dictadura militar a ser administrado por François Duvalier, conocido como "Papa Doc", el presidente-brujo que realizaba rituales de vudú en Casa Presidencial de Puerto Príncipe, utilizando cadáveres de sus rivales políticos. Quien sostenga aún que el subdesarrollo de Haití se debe a la "conquista española" y al "imperialismo yanqui", debería urgentemente someterse a tratamiento psiquiátrico.

Si una nación es subdesarrollada no se debe a su situación geográfica, ahí tenemos el ejemplo que le da el simpático nombre a este artículo: la historia de los dos Nogales. Uno se encuentra en Arizona, Estados Unidos, y el otro en Sonora, México. Separados físicamente por una alambrada y con la misma población, cultura y situación geográfica, viven vidas de calidades tan distintas como distintas son sus instituciones. La primera, mucho más rica que la segunda, tiene instituciones políticas (gobierno sin corrupción) y económicas (libre mercado) superiores a las de la segunda. 

Podría alguien decir que un caso así no prueba absolutamente nada y que constituye algo meramente excepcional, pero basta ver historias más conocidas y situaciones de mayor escala como la de la ya mencionada Haití y su vecina República Dominicana, ubicadas ambas en la misma isla pero separadas por una casi infinita diferencia en términos de calidad de vida; pasando por otro ejemplo como el de las dos Alemanias: Alemania Oriental (comunista) y Alemania Occidental (capitalista), idénticos genes, pero un gemelo era inmensamente rico mientras que el otro se mantuvo patéticamente pobre hasta que ocurrió la caída de la Cortina de Hierro. Otro ejemplo que se puede citar es el que genera la diferencia abismal que existe entre el miserable manicomio en que se ha convertido Corea del Norte, bajo el régimen hereditario que la ha gobernado por décadas bajo la siempre sonriente pero nada simpática dinastía Kim, y la próspera Corea del Sur, libre, abierta al mundo y dedicada a la innovación y al comercio. La imagen es única: una conocida fotografía satelital nocturna que deja ver las incandescentes luces al sur y la más oscura penumbra al norte.

Ni la situación geográfica ni la cultura son suficientes para revelar por qué unos países tienen éxito y otros no. Ni siquiera lo explica el que sus líderes no sepan qué hacer para producir riqueza, incluso Estados Unidos ha tenido pésimos presidentes, pero aún así el país se ha mantenido estable y rico, ¿en dónde se encuentra entonces la respuesta? 

Como salvadoreños debemos de entender que son las "instituciones fuertes" las que crean los incentivos necesarios para lograr el desarrollo, el progreso y eventualmente la riqueza de una nación, de ahí que comprendamos la importancia que reviste la defensa de la separación y equilibrio de poderes, más ahora que continuamente vivimos los ataques a las resoluciones emanadas de la Sala de lo Constitucional, las cuales constituyen la concretización de ese equilibrio institucional que El Salvador tanto necesita. Como sociedad civil debemos estar vigilantes para que en el 2018 se imponga la razón y se elijan magistrados competentes, idóneos e independientes para que continúen ejerciendo tan delicado balance, ya que ello marcará la diferencia entre ser un Nogales, Arizona o un Nogales, Sonora.

*Abogado, Master en Leyes.