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Los debates

Los candidatos de los partidos mayoritarios han rechazado los debates. Con esta decisión desencantan aún más al voto indeciso. La campaña, como en años anteriores, no ha sido clara en relación a las propuestas que los diferentes partidos pretenden impulsar de ganar la presidencia. Por esa razón la confrontación de ideas, frente a frente, toma mayor importancia. No es posible profundizar en los planes de gobierno si los que aspiran a dirigir al país le rehúyen a una práctica que en la mayoría de países es fundamental para fortalecer el voto informado. Ahora más que nunca, en un entorno tan complejo por los problemas de inseguridad, endeudamiento público y falta de empleo, se necesita de líderes que den la cara, que muestren su carácter y que definan con meridiana precisión cuál será estilo de gobernar.

Siendo depositarios del poder los candidatos deberían demostrarles a los ciudadanos que tienen la capacidad de probar por qué su iniciativa y no la de sus adversarios es la correcta. Si se abstienen de participar en los debates, a los electores no les queda más que orientarse por los antecedentes de los presidenciables o por la deficiente propaganda en la televisión. Lo visto hasta ahora ha sido mucha demagogia, harto populismo y muy poca seriedad en los planteamientos programáticos. No existe una clara orientación por parte de los comandos de campaña acerca del rumbo de país que ofrecen las distintas fórmulas para conducir a la Nación. Nadie ha sido capaz de articular una propuesta que haga surgir en la sociedad una discusión sobre la conveniencia o inconveniencia de sus ideas. ¿Cuál es la apuesta para desmontar la polarización entre el sector privado y el gobierno? ¿qué se pretende hacer en materia de seguridad fuera de aquellas iniciativas que ya fracasaron en esta y anteriores administraciones? ¿cuál es el plan para disminuir el endeudamiento público? ¿se impulsaran incentivos para atraer inversión al país?

Existen muchísimas interrogantes en la mente de los votantes. Habiendo concluido "el gobierno del cambio", persisten varias de las malas prácticas de anteriores gobiernos. Lo más preocupante es que se mantienen los indicadores negativos en materia de homicidios, desempleo, falta de acuerdos y nula visión de largo plazo. Por esta razón son tan importantes los debates. Son prácticas que permiten una interacción respetuosa entre los candidatos y que sacan a la luz "los pecados" de quienes ya administraron el poder.

Después de la alternancia en 2009 ambas fuerzas mayoritarias están en un mismo plano. Se les debe medir con la misma vara. Ahora los votantes pueden comparar los aciertos y los desaciertos de las dos principales opciones partidarias. En un debate, conociendo la realidad de las finanzas públicas, las carencias de los ministerios, el problema de la burocracia y los agujeros por donde se escabullen los corruptos, los candidatos tienen la mesa servida para afianzar a su militancia y principalmente para persuadir a quienes aún no deciden su voto.

El cálculo que hacen quienes asesoran a los candidatos es que un bajo desempeño en un debate podría restarle apoyo en las encuestas de opinión sobre todo si se está en una posición cómoda con varias decenas de puntos por sobre los contrincantes. Es muy diferente cuando los sondeos de opinión reflejan un empate técnico entre los principales contendientes. En este caso se debe hacer todo lo legalmente posible para entusiasmar a quienes, por lo general, deciden el resultado final de toda elección. Se trata de ese segmento de votantes que reflexiona su voto con mayor conocimiento de causa. Es una parte de la población que casi siempre se ubica en la denominada clase media. Es un sector integrado en su mayoría por profesionales que han mejorado su posición económica en la medida que el país va bien.

Cuando sucede lo contrario y el país va mal, entonces este grupo de ciudadanos es el que sufre las peores consecuencias. Los pobres y más necesitados reciben los subsidios del gobierno, y los ricos tienen suficientes ahorros como para sobrellevar el tiempo de "vacas flacas". Mientras tanto, la clase media se sigue endeudando para mantener el nivel de vida que alcanzó y debe pagar obligatoriamente sus impuestos pues como asalariado no se le permite prácticamente ninguna deducción de la renta. Esos votos entonces son los más reflexivos y los que deberían premiar o castigar a los políticos.

Los candidatos hacen mal cuando rechazan los debates. Su negativa es interpretada como incapacidad para enfrentar la realidad nacional. Que la autoridad electoral y varias universidades de prestigio se ofrezcan como organizadores de este tipo de actividades cívicas, debería ser suficiente garantía para los partidos políticos. Sin embargo la iniciativa parece que será desechada. Ojalá que en el futuro cercano la sociedad civil también presione por este tipo de prácticas electorales.

*Columnista de El Diario de Hoy.