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Los criminales de Hollywood y la dosis perfecta de maldad y humanidad

Las series televisivas y películas que centran sus tramas alrededor de tópicos relacionados a la criminalidad, como he mencionado en este mismo espacio en el pasado, constituyen una importante fuente de información que permite analizar y comprender el entendimiento popular sobre la delincuencia y su abordaje. En lo particular, soy un fiel seguidor de muchos programas y filmes de este tipo. Además de lo cautivante que resultan para mí ciertos guiones, personajes e historias, me entretiene identificar las imprecisiones y exageraciones, y observar su efecto sobre otras personas. Aunque este pasatiempo no se adhiere a una rigurosa metodología científica, encuentro que permite entender mejor cómo se perciben ciertos temas fuera del mundo de la criminología y los círculos de seguridad e inteligencia.

Mi inusual hábito está en consonancia con una abundante cantidad de investigaciones y literatura criminológica que centran sus postulados teóricos y metodologías de estudio alrededor de la proyección cinematográfica y televisiva del crimen y los esfuerzos estatales por controlarlo. Invariablemente, los hallazgos y conclusiones de este tipo de análisis resultan muy interesantes y contribuyen a escrutar el impacto de ciertos programas y filmes sobre la audiencia que los sintoniza y las implicaciones que esto conlleva en diferentes ámbitos de la vida cotidiana.

Aunque ya lleva varias temporadas al aire, fue hasta hace poco que descubrí una serie televisiva titulada "Sons of Anarchy" ("Hijos de la Anarquía" en español), el nombre de la pandilla de motociclistas alrededor de la que se centra la historia. En el programa, se relacionan diversas pandillas de motociclistas, organizaciones criminales, grupos terroristas y pandillas penitenciarias. La interacción con estas agrupaciones se da en el marco de rivalidades, alianzas y traiciones, y casi siempre están en función de las actividades criminales en las que están involucrados los principales protagonistas.

Como en otras series y películas, lo que realmente encuentro fascinante es cómo los escritores, actores y directores logran convertir a los delincuentes y sus crímenes en personajes agradables, verdaderos "anti-héroes" que se ganan la simpatía de la audiencia en detrimento de una actitud favorable en relación a figuras por tradición asociadas con el bien, como la policía. "Hijos de la Anarquía", como otras series, logra que el público apoye a sus protagonistas principales y que esté a favor de sus actividades criminales y en contra de las desarrolladas por delincuentes rivales (a pesar que son similares) y los esfuerzos de las autoridades por encarcelarlos.

La simpatía alrededor de delincuentes en este tipo de programas se logra, en términos generales, haciendo que sus personajes sean más humanos y relacionables, y proyectando a sus adversarios de forma contraria. Este es el factor mediador que impide que, bajo circunstancias normales, la actitud favorable para con un delincuente de Hollywood se extrapole a la realidad.

Además que la magia de la TV y el cine permiten dosificar el grado de maldad y humanidad de criminales al antojo del director o escritor, el público no percibe que sus actividades criminales como una amenaza directa e inmediata. En el mundo real, los elementos negativos son excesivos y la inmediatez de los crímenes hace muy difícil humanizar a delincuentes, especialmente si éstos continúan perpetrando delitos.

Este es uno de los principales obstáculos con los que se encontró el Gobierno al tratar de vender su negociación con cabecillas pandilleros, y el factor que destinó la iniciativa al fracaso mediático. Resulta casi imposible humanizar a organizaciones criminales que continúan cometiendo ilícitos y adoptando actitudes antisociales. Es por esto que el Estado inicialmente pretendía mantener su pacto pandillero en secreto y por lo que ahora quiere llevarlo nuevamente a la clandestinidad.

*Máster en Criminología y Ciencas Policíacas.

@cponce_sv