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Los ciudadanos tienen el derecho y deber de votar

El domingo 2 de febrero, los ciudadanos salvadoreños, mayores de 18 años, tendrán la posibilidad de acudir a las urnas para elegir las autoridades que gobernarán el país. Los costarricenses harán lo mismo en su tierra. Votar es un momento muy especial en la vida de cada ciudadano. El ideal es que estas votaciones sean una verdadera "fiesta cívica" en paz y fraternidad. Conviene dar al mundo un ejemplo de responsabilidad cívica con una asistencia abundante y responsable.

En el Código Electoral leemos: "El sufragio es un derecho y un deber de los ciudadanos, su ejercicio es indelegable e irrenunciable. El voto es libre, directo, igualitario y secreto" (Art.3). El ciudadano debe estar bien informado de las posibilidades que tiene. Es necesario que conozca a los candidatos para discernir si sus programas de gobierno favorecen el bien público. Debe sentirse libre de toda presión ideológica o sentimental y votar por lo que le dicte su conciencia. El que se deja comprar por dinero, u otras dádivas, actúa en forma irresponsable e inmoral. El voto debe ser consciente, maduro y responsable.

Hay quienes viven prejuiciados ante las elecciones y se dejan llevar por los que piensan que las promesas hechas durante la propaganda no se cumplirán y prefieren abstenerse de votar. El que no vota, pudiendo hacerlo, pierde la autoridad moral para criticar a los gobernantes. También es cierto que los candidatos algunas veces, motivados por el calor de las elecciones, se lanzan prometiendo mares y montes, sin tener en cuenta la realidad en que vivimos, corriendo el peligro de dejar frustrada a la gente, pero eso no es motivo para permanecer inactivos.

El creyente en Dios debe participar en la política como ciudadano que se siente responsable del bien común. La solución para arreglar los errores que los gobiernos cometen no es el de abandonar la política sino el de participar en ella con principios cristianos. Vivimos en un país en donde la mayoría cree en Dios. Jesús nos dijo que somos "luz del mundo y sal de la tierra" y esto debe aplicarse primero a nuestra vida, pero la autenticidad nos lleva a ser coherentes también con la política. Nos dice el Papa Juan Pablo II que "la vida en un sistema político democrático no podría desarrollarse provechosamente sin la activa, responsable y generosa participación de todos, sí bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles y responsabilidades". (AAS 81).

Creo que ante la inminencia de las votaciones es necesario saber escuchar la voz de la propia conciencia para tomar una opción y actuar con sabiduría. La prudencia nos puede guiar en el juicio que haga la conciencia para superar dudas y confusiones para lograr el bien para todos y evitar el mal. Como creyentes en Dios sabemos que lo que buscamos es el bien común que tiene en cuenta la salud, la educación, la vida, la dignidad de las personas, la familia, es decir, el bien para todos sin distinción. San Agustín nos enseña: "la caridad no es substituto de la justicia cumplida". Una cultura del bien común protege a la clase media, así como a los ricos y a los pobres. Que Dios guíe la mente y el corazón de cada ciudadano en esta noble tarea de emitir un voto.

*Sacerdote salesiano.