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Los buenos tiempos son ahora

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Los buenos tiempos son ahora

Hay mucha gente que cree que estamos viviendo tiempos malos sin realizar que todo indica que, comparado con lo que puede venir, estos son tiempos excelentes. La economía, aunque poco, todavía está creciendo. Las libertades democráticas todavía existen aunque es obvio que el FMLN y sus partidos incondicionales están conspirando para eliminarlas. Y, más que nada, todavía podemos remover al FMLN del poder y recuperar nuestro futuro. Dependiendo de lo que pase en las elecciones de 2015 estas posibilidades pueden seguir vivas hasta las elecciones de 2019 o pueden simplemente morir para dejarnos bajo el poder total del FMLN.

Para comprender lo buenos que son estos tiempos sólo mire a los cubanos, que ya no pueden recuperar su libertad y para volverla a ver tienen que esperar a que el régimen comunista se desmorone como se desmoronó la Unión Soviética. O mire a los venezolanos, que están en camino a ese momento en el que por más que hagan no podrán deshacerse de los Socialistas del Siglo XXI.

Mucha gente no quiere creer que esto es lo que nos viene y prefieren, como los cubanos del año sesenta y los venezolanos de hace unos diez años, creer en las promesas que hace el FMLN de querer establecer un régimen democrático, mientras al mismo tiempo les prometen a sus bases y a sus patrocinadores en Cuba y Venezuela que cumplirán con sus objetivos de siempre, convertir a El Salvador en un régimen de extrema izquierda.

Lo más increíble en lo que está pasando en el país es que el objetivo del doble discurso del FMLN es muy transparente: quiere pintarse como un partido que de pronto se hizo moderado para que el electorado que se desilusionó de ARENA en los últimos diez años, equivalente al 20 por ciento del total, no vote por ARENA en 2015, lo que le aseguraría un triunfo enorme al FMLN, tan grande como el triunfo que logró, por las mismas razones, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2014.

Esto, por supuesto, no lo lograría el FMLN si se volvieran a formar las coaliciones de la sociedad civil que alertaron a la sociedad de lo que vendría si se repitiera en la segunda vuelta lo que había pasado en la primera. Pero esas coaliciones no se están formando. La sociedad no parece comprender que nos estamos jugando el todo por el todo en las elecciones de 2015 y que para evitar que nos conviertan en otra Venezuela o en otra Cuba tenemos que reaccionar como lo hicimos entre la primera y la segunda vuelta.

En gran parte, esto no está sucediendo porque el gobierno y sus mensajeros están teniendo un gran éxito en pintar al gobierno como si fuera un gobierno más, cuyos defectos sólo fueran su visible incompetencia y la continuidad que le han dado a muchas prácticas del gobierno anterior. El tono de estas comunicaciones es de calmar las aguas para que la gente no se alarme, para que crea que las amenazas que ha planteado el FMLN desde hace más de treinta años se resumían en los insultos que el primer presidente de ese partido hacía a los empresarios, o en la marca de whisky que tomaba, o en la longitud de las procesiones de vehículos que lo acompañaban.

Esos son detalles, como incluso el pleito del gobierno con ENEL también lo es. El gobierno anterior era un cuento de hadas comparado con lo que sabemos que los líderes de este gobierno pueden hacer e hicieron durante décadas enteras en su lucha por instalar el castrismo en el país. Ahora hasta se pintan como si hubieran sido los defensores de los principios de la democracia liberal, que fue y sigue siendo el sistema que quieren demoler.

La amenaza está en la servidumbre del gobierno a Cuba y a Venezuela, en el continuo ataque a la Sala de lo Constitucional, en el uso de mayorías en la Asamblea para ir destruyendo las instituciones democráticas del país. No hay que permitir que el FMLN se apodere del poder total en 2015. Todavía estamos a tiempo.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.