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Los atisbos de algunas mentes para cooptar a los medios libres

El periódico español "El País" publicó esta semana un amplio artículo, firmado por Ewald Scharfenberg, titulado "Maduro se prepara par invertir más en propaganda a pesar de la crisis". Se dice que el gobierno venezolano inyectará hasta 500 millones de dólares en los medios estatales, estos son: 14 canales de televisión, una red global por satélite (Telesur), cuatro periódicos ---y pronto un quinto rotativo--- y decenas de emisoras de radio, en un grupo mediático destinado a "promover la gestión del gobierno, los valores socialistas e impulsar la revolución".

Cito a la Venezuela del presidente Nicolás Maduro porque gusta a muchos de los políticos de izquierda que actualmente están en el gobierno salvadoreño; por lo general a estos también les gusta cómo actúan los regímenes de Argentina, Ecuador, Bolivia o Nicaragua y por supuesto Cuba.

Todos estos gobiernos tienen en común, además de dirigentes que de una u otra manera permanecen muchos años en el poder, ya sea por la fuerza, como en el caso cubano, o por las urnas, como sucede en el resto de países, todos tienen claro que los medios de comunicación son importantes y, en cuanto tal, hay que usarlos para consolidar las diferentes estructuras de poder.

En el caso cubano la cuestión fue más sencilla, porque en el momento en que asume el régimen de los Castro, a finales de los años Cincuenta del siglo pasado, el aparato productivo y el sistema de comunicación, y con ello la prensa, la televisión, la radio y en general todos los medios informativos, fueron expropiados y tomados por el Estado; los medios privados terminaron de forma abrupta, algunos fueron administrados por el propio gobierno, otros fueron entregados a sindicatos ya sea del campo o de la industria. La propiedad de los medios en Cuba no tiene vuelta de hoja, son del Estado.

No estoy exagerando, y si no me creen pueden revisar los contenidos de los medios en Cuba; el libre juego de las ideas terminó y lo único que prima es la "línea correcta" del partido comunista. La información noticiosa quedó reducida a la propaganda formativa que "interesa" al gobierno, al Estado, al poder popular dirán algunos.

La publicidad, luego que la competencia fue orillada al extremo, por supuesto dejó de ser una herramienta importante del mercado y fue eliminada casi por completo.

En el caso de los países del llamado "Socialismo del Siglo XXI", como lo es Venezuela o Ecuador, la situación es mucho más compleja y difícil; el camino ha sido, de una u otra manera, tratar de desmontar el llamado monopolio de los medios de comunicación, lo que quiere decir, simplemente, cambiar la propiedad de los medios, que dejan de ser privados para convertirlos en oficiales u oficialistas.

Hay cuatro líneas de acción para lograr este despropósito: uno, cortar una de sus fuentes de financiamiento como es la publicidad, aumentar los impuestos e incluso, como en Venezuela, hacer "prohibitivo" importar la materia prima como el papel y la tinta; dos, leyes cada vez más restrictivas, complejos requisitos de operación; tres, fomentar "nuevos medios" por lo general alineados al gobierno y vinculados más estrechamente con la llamada "sociedad civil", y cuatro, crear o fortalecer los llamados medios públicos, la radio, la televisión y la prensa oficial u oficialista que, de manera clara y llana, difunde la gestión del gobierno y la justifica.

Existe una quinta línea, usar la fuerza para "encarrilar" a los medios libres y privados; la fuerza bruta, que puede llevar hasta el cierre de los medios o la eliminación física o moral de los periodistas, no alineados a los llamados gobiernos populares.

En El Salvador, no obstante los problemas y deficiencias, hay un sistema de medios de comunicación libres, donde el juego de las ideas es amplio, existen medios de todos los colores y sabores, hay libertad de expresión y no existe persecución de ningún tipo; pero también es cierto que hay mentes, que de manera clara les interesa llevarnos por el camino de las ideas del "Socialismo del Siglo XXI" e intentan crear las condiciones para que los medios dejen de ser libres y se alineen al gobierno de turno.

La operación sospechosa de cambio de frecuencia en televisión, del canal 37 al 11, la investigación sobre el mercado de frecuencias, las cada vez mayores cortapisas en las diversas legislaciones, la suspensión de publicidad estatal, el leve fortalecimiento de los medios estatales son algunos atisbos de estas mentes que no van por el camino de las libertades, sino por el verticalismo del "partido y la ideología". Pero bien, mientras no sean más que conjeturas y el esbozo de las ideas izquierdistas de algunos, que deben respetarse en un Estado de derecho, no nos quitan el sueño pero sí nos mantienen atentos y alertas.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com