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Los aspectos básicos del desarrollo

Las transformaciones que están ocurriendo dentro del actual contexto de globalización pueden ser comparadas con una maratón que no tiene una meta final. Los países que avanzan más lentamente se atrasan. El desafío consiste en tratar siempre de ser el mejor organizado y más eficiente.

Juan Enríquez Cabot, presidente de Biotechonomy y asesor de más de una docena de Estados y de los presidentes de algunas de las compañías más importantes del mundo, afirma que el futuro pertenece a las pequeñas poblaciones que hacen del conocimiento un imperio y que ignoran la tentación --o no tienen la opción-- de explotar sus recursos naturales. Señala que muchos países que ahora son ricos, como Suiza, Bélgica, Singapur y Hong Kong, casi sólo tienen gente, son pequeños, no son ni siquiera autosuficientes en agua, mucho menos en alimentos, minerales y combustible. Añade que a algunos hasta les hace falta una historia común y cultura, por lo que solo tenían dos opciones: permanecer pobres o educar a su gente. Singapur, agrega, es uno de esos países de desarrollo reciente que no tuvo otra opción que unirse en medio de su gran diversidad racial y religiosa, reformar su gobierno para convertirse en un auténtico Estado desarrollista, y educar a su gente poniéndose a trabajar duro.

No obstante, también advierte que cuando un país se autoconsume en batallas políticas internas, como ha sido y continúa siendo la historia de El Salvador durante las últimas décadas, se vuelve irrelevante. Si los disensos se transforman fácilmente en confrontación, quiere decir que uno de los principales obstáculos para el desarrollo continúa siendo la escasa capacidad de los actores nacionales para apoyarse recíprocamente con miras al logro de propósitos comunes.

"Divide y perderás" es el título de uno de los capítulos del Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2013, en el que precisamente se destaca la influencia negativa que han tenido en el país rasgos culturales tales como el machismo, el racismo, el autoritarismo y el clasismo, los cuales han ayudado más a acentuar las diferencias que la igualdad entre las personas. En esos casos, para que un país sea viable es necesario institucionalizar procesos de diálogo social y político que permitan hacer de la concertación el mecanismo privilegiado para el tratamiento de aquellos asuntos que son críticos para el desarrollo del país; así como, promover en la población el desarrollo de rasgos de carácter a nivel individual y social que fortalezcan no sólo su autonomía y autoestima, sino también su sentido de nación y su capacidad para actuar colectivamente.

Una vez logrado esto, la tarea siguiente consiste en desarrollar las capacidades humanas y organizativas, crear las nuevas instituciones y liberar los recursos requeridos para comenzar a trabajar en la construcción del nuevo país. Esto solamente se logra, según Enríquez Cabot, cuando los habitantes se transforman en auténticos ciudadanos. Es decir, "...dejan de ser súbditos del país donde nacieron y se convierten en accionistas de las apuestas nacionales". Facilitar esa transición es el gran desafío de los Estados modernos, ya que cuando los gobiernos no lo asumen, corren el riesgo de quedarse vaciados de ciudadanos, porque al final de cuentas ahora la gente puede elegir, aunque la elección sea abandonar el país.

Por esa razón, invertir en la gente y reinventar continuamente la economía del país mediante apuestas productivas intensivas en la generación de trabajos decentes que permitan un mejoramiento sostenido de la productividad y los salarios reales, son dos tareas que se han vuelto ineludibles para cualquier gobierno que quiera evitar una crisis de desarticulación del Estado.

Si por el contrario, este mínimo de sensatez colectiva no se alcanza y los principales actores sociales y políticos continúan encerrados en fundamentalismos de distinta naturaleza (de Estado o de mercado, de derechas o de izquierdas, neoliberales o populistas) que sólo conducen a la confrontación, el país se volverá inviable. Al final de cuentas, la inviabilidad como nación, al igual que el desarrollo, puede ser también una opción colectiva.

*Economista Jefe del PNUD.