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Logo carioca

Los homo sapiens construimos nuestra percepción de una marca como las aves sus nidos: Con ramitas y hojitas que encontramos en el camino. Ramitas como la calidad de un producto, la eficiencia de un servicio. Hojitas como la publicidad y el logotipo.

Pareciera no tan importante, pero el logotipo es base fundamental de lo que pensamos y sentimos por una marca. Esta conecta mejor si su logo tiene alguna relación con la cultura o idiosincrasia del momento; si, dentro de un mar de identidades, se destaca por original; si lo acompaña un eslogan que toca las fibras de sus clientes, y si sus colores hacen sentido.

Alharaca ha provocado el logotipo del nuevo gobierno. No tanto su eslogan, Unidos crecemos todos, que dijo el profe en su primer discurso con la banda azul y blanco.

Recién comprobamos que, con excepción a nuestro ex y sus amigas y amigos, divididos no crece nadie. Qué ironía, cinco años predicando unir, crecer, incluir, y la historia comprueba lo contrario.

Volviendo al tema, el slogan del nuevo gobierno pasa el examen pues impacta nuestras fibras. ¡Necesitamos unirnos, es urgente crecer!

Lo que no hace sentido es el diseño gráfico del logotipo. Este no ha conectado pues sus colores no tienen relación alguna con nuestra cultura, con nuestra esencia. ¡Ni imaginar un partido de la Selecta lleno de camisas de colores chillantes!

Estudios demuestran que el azul es nuestro color favorito. El color de nuestro cielo, el color de nuestro mar, el que nos une en el estadio. Dicen los expertos, que representa la esperanza, que nos ayuda a relajarnos. ¿De cuál habrá fumado el diseñador brasileño?

Se nota que, antes de sentarse en la mesa de dibujo, el carioca no hizo su tarea de investigar. Tomó el atajo y nos impuso un arcoíris de colores, reflejo de su propia cultura.

Otro gallo cantara si nuestro nuevo logotipo fuese producto de la abundante creatividad nacional. Hubieran organizado "en busca de nuestra nueva identidad", un concurso exclusivo para talento salvadoreño. La votación popular hubiese seleccionado el logo ganador, sin duda más significativo, más azul, y mucho más barato.

Quizás lo pensaron, pero no se animaron, al recordar el desenlace del concurso "rebauticemos la Diego" en el que, en uno de sus abruptos, el presidente que se fue, de non grata recordación, mandó al carajo los aportes ciudadanos, y él mismo ganó el concurso, nos guste o no nos guste.

Asumo, en su presentación, el carioca, apantalló a un comité contagiado por la brasilitis aguditis del momento, con que la explosión de colores significa la convivencia pacífica de todas las corrientes políticas, de todos los estratos sociales, de todas las preferencias sexuales. Y regresó a Sao Paulo "pupuso" de pisto.

Al menos servirá para atraer turistas gay, pues ahora su bandera forma parte de nuestra identidad. Pero mal le va a caer a nuestros hermanos lejanos quienes, sin duda, tienen tatuado el azul y blanco en su corazón. Con tal de que no dejen de visitarnos y mandar sus "chirilicas"…

Pero más mal nos va a caer a todos (menos a la agencia de publicidad del gobierno y a algunos medios), si después del logo viene una campañota millonaria al estilo de lo mejor está por venir de Saca y las buenas obras de Funes. Ni quiera Dios… ¿Imagínense edificios de gobierno pintados con los colores importados? Está bien en Recife, Johannesburgo o Port au Prince, pero no en Cuscatlán.

"Ta feyo" el logo. Ojalá que poco a poco el mapa colorido vaya perdiendo fuerza, el azul y blanco vayan cobrando intensidad, y que el mantra del nuevo gobierno, Unidos crecemos todos se convierta en realidad.

Unidos oremos todos para que así sea.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com