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Ya llega a tu casa la Navidad

Ya está llamando a nuestras puertas. ¿Cómo la vamos a recibir esta vez…? A mí me alegra que el espíritu genuinamente navideño no ha sucumbido en nuestro país ante la invasión, en creciente avalancha, del espíritu --si es que merece ese nombre-- comercial, con todos sus poderes.

Visto como ahora está el mundo, los salvadoreños pueden felicitarse de que el sentido, a la vez religioso y hogareño, de esta fiesta permanece aquí más fuerte que en los países económicamente más desarrollados. Somos muchos aquí los que seguimos creyendo en ese misterio y milagro asombroso de que Dios decida hacerse hombre y que llegue a la tierra, no de forma espectacular y clamorosa de superhombre, de superhéroe, sino como un recién nacido, hijo de una joven y pobre campesina y en la situación de indigencia más extrema, ya que sólo dispone, para su primera cuna, de un pesebre lleno de paja, en un establo apto sólo para guardar bestias.

Mientras mucha gente de hoy se afana por adquirir y acumular bienes de consumo, últimas novedades electrónicas, cambiar su carro, en cuanto puede, por otro mejor, el Niño Dios nos entrega su primer mensaje, sin palabras, pero con el hecho contundente de su pobreza. Eso es lo que Jesús nos pide: desasimiento de las cosas materiales, riqueza de las espirituales.

¿Cómo van a vivir ustedes esta Navidad? La Navidad es una fiesta religiosa, que aunque tenga sus celebraciones litúrgicas en los templos, es una fiesta fundamentalmente familiar, hogareña. Y creo que ahí está lo más importante de ella. Su sitio indispensable es el hogar, donde se reúne, para esta ocasión, la familia, ampliada con algunos de los que estaban lejos y que vuelven ahora para disfrutar del afecto familiar.

Es triste saber que en otros países la Navidad no conserva ni su nombre.

Allí ya sólo es una fiesta de regalos y de compromisos sociales. Peor es saber de esos otros países donde se aprovecha el cantar villancicos o la escenificación de pastorelas, para lanzar una proclama nacionalista o verter verdaderas blasfemias envueltas en música religiosa.

Pienso que es más importante de lo que a primera visa parece, que en cada hogar cristiano se instale para estos días un Nacimiento y que en ello colaboren activamente los menores de la casa, aunque cometan algún pequeño estropicio. Después, pasados los años, los que ya dejaron hace mucho tiempo de ser niños, recordarán con cierta nostalgia cómo eran de alegres y felices, aquellas navidades de su infancia.

Celebra, pues, la Navidad, no sólo en la iglesia, sino también y muy especialmente, en tu casa, con toda tu familia reunida al calor del hogar y de Jesús, recién nacido, que les mira y les bendice desde el Nacimiento. Procura crear en estos días, a tú alrededor, un fuerte ambiente de amor, de armonía familiar, donde el amor humano se mezcle con el amor divino hasta ser una sola cosa. Trata de que asistir a la iglesia en estos días no sea para ti, ni para los tuyos, una penosa obligación, sino un momento inefable de recargar las baterías del alma y de agradecer a Dios por todos los bienes recibidos, incluyendo los dolores y fracasos, porque Jesús, a los que mucho ama, también los bendice con la cruz.

Después canta con todos, niños, jóvenes y viejos, unos alegres villancicos, al son de la guitarra y de las panderetas, para festejar y adorar a Jesús, y agradecer a María y José que estén con él, velando su descanso. Entonces, si sabes ser niño, el Recién Nacido te sonreirá. Pídele perdón por tus pecados y los de todo el mundo.

Después vete con tus pequeños a llevarles algún regalo a esos otros niños que poco o nada tienen. Dales esa sorpresa y siéntete bien pagado con sólo la sonrisa de esos pobres niños, porque en ella te sonríe y te bendice, nuestro rey, Jesús.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com