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Se llaman bebés y son seres humanos

 Tan trastocados andan los conceptos en todo el mundo que algunos jueces castigan más el maltrato a un animal que a una persona

Contra todos los augurios el incontrolable Donaldo Trump está comiéndoles la merienda a los demás precandidatos, para desesperación de los cuales, mientras más ataques recibe  mejor se ubica en las encuestas. Convoca a mítines multitudinarios, impone los temas, marca el lenguaje.  Una muestra fue el concepto de “bebé ancla” cuando el reportero de ABC TV, Tomás Llamas, le leyó la cartilla de la corrección política por lo ofensivo y doloroso que el término resulta. Y dado que Trump respondió que continuaría empleándolo pues no existe otro mejor, el periodista acusó al magnate de alardear de gran corazón cuando deja mucho que desear.  Pero la cosa no quedó ahí ya que ese mismo día y en el mismo New Hampshire, donde igualmente se encontraba en campaña el floridano Jeb Bush, también a éste el reportero le afeó sus alusiones a los “bebés anclas”. Y Bush, siempre tan calmo y sonriente, reaccionó con virulencia. Sí, dijo, lo he dicho y no me arrepiento; no hay sinónimo mejor. Y luego en una entrevista se extendió sobre el abuso que supone que señoras que violan la frontera vengan preñadas.  Entonces la precandidata demócrata intentó anotarse un punto y, en alusión a los bebés anclas, tuiteó con sorna: “Se llaman bebés”. Pero la ufanía por esta muestra de superioridad moral le duró lo que un merengue a la puerta de un colegio porque ni corto ni perezoso otro precandidato presidencial, el republicano Miguel Huckabee, contratuiteó: “¿Hilaria Clinton, has visto los vídeos de PlannedParenthood? Se llaman bebés.”  Lo cual nos lleva al fenómeno de la confusión que está teniendo lugar en el seno de la sociedad estadounidense debido a la corrección política. Por ejemplo, no se puede agredir el islam ni con el pétalo de una rosa, pero el cristianismo lo puedes poner como un trapo y, de hecho, todos los días alguien lo pone. A los inmigrantes ilegales bandoleros no hay que deportarlos, sino permitirles refugiarse en ciudades santuarios. Al peor criminal que secuestre, robe, viole, torture y al fin mate y descuartice a una o varias víctimas, no hay que darle pena de muerte ya que, después de todo, los daños que causó son irreversibles y somos mejores que él. Mientras a una factoría que siega a centenares de miles de inocentes fetos anualmente, para luego venderlos en pedazos como repuestos infantiles, el presidente de la nación le dice: “Dios te bendiga, PlannedParenthood”.  

Tan trastocados andan los conceptos en todo el mundo que algunos jueces castigan más el maltrato a un animal que a una persona. No hace tanto las corridas de toros fueron prohibidas en Barcelona. Y una ola de indignación acaba de recorrer el planeta cuando un cazador mató el león Cecil. Yo, el otro día, untándole mayonesa a un pan, vi que la etiqueta del frasco proclama el compromiso de que cada huevo utilizado por la empresa provenga de gallinas no hacinadas en jaulas. Me alegró en el alma saber que, desde que nacen hasta que son desplumadas para venderlas como gallinas viejas, esos animalitos tan útiles no estén amontonados unos sobre otros, sin un poco de privacidad siquiera para poner sus huevos y cacarear, enjaulados todo el tiempo. Aparte de que si andan sueltas, las gallinas escarban y picotean y encuentran gusanitos y bichitos que ponen las yemas más rojas, apetitosas, sabrosas.  Pero hay que mantener la perspectiva. No es lo mismo un mineral que un vegetal, un animal que un ser humano. Yo le diría a Hilaria Clinton: Sí, los niños nacidos de inmigrantes indocumentados ventajistas son, en efecto, bebés. Pero los cientos de miles liquidados anualmente por PlannedParenthood, esa usina matarife que te ha galardonado y fue fundada por la racista Margaret Sanger, admirada en la Alemania hitleriana porque no quería más negros ni otros seres despreciables en el mundo, también son bebés. También son seres humanos.[©FIRMAS PRESS]
 

*Analista político.