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Un llamado a dirigentes de la UCA

Desde hace años me he mantenido tolerante y frenada a denunciar el abuso que se lleva a cabo en la UCA año tras año, contra las millares de personas que habitamos en el vecindario de dicho centro educativo. En nuestro caso hay probablemente 2 kms. de distancia, pero posiblemente más lejos también ese atropello afecte.

Este año, colmada ya de tanta arbitrariedad decidí exponer públicamente lo que allí sucede anualmente contra nuestros derechos de paz.

Me refiero al recién pasado sábado 15 de noviembre, cuando se conmemoraba con una vigilia los veinticinco años de la fecha del asesinato de los sacerdotes jesuitas, una empleada y su hija, fecha que la universidad tiene todo derecho a conmemorar en sufragio de estos mártires inocentes, pero jamás, de la forma escandalosa con parlantes a todo volumen para mantener despierta, atropellada y victimizada, la noche completa hasta las cinco de la mañana, a toda la comunidad de los alrededores.

Aclaro que para nada estoy en contra de esta conmemoración, ni de la vigilia, que en este caso debió tener carácter religioso, de oración a Dios por los mártires jesuitas, y no de arengas, ni protestas revolucionarias o jactancias de la guerra a "grito pelado", como sucedió. Personalmente, a los sacerdotes de la UCA, y a todo clérigo católico en general, les he guardado siempre la debida pleitesía, habiendo especialmente mantenido grande amistad, con el muy querido fallecido padre jesuita Fermín Sáenz, a quien mi hija mayor y su esposo, ante tan criminal hecho, refugiaron entonces por varios días en su casa para protegerlo.

Ciertamente, toda agrupación tiene libertad a expresarse pacíficamente, pero esa pasada efeméride no tuvo nada de pacífico. Más bien merece considerarse como proyecto premeditado a fustigar el descanso de la ciudadanía, obligándola a participar en la vigilia, nos gustara o no, porque no existe otra razón lógica para el escándalo llevado a cabo en una institución que se supone debe enseñar a sus estudiantes la sana convivencia entre los ciudadanos y el respeto al prójimo y sus derechos y que todo derecho humano personal termina cuando empiezan y se afectan los de otro.

A los dirigentes sacerdotes de la entidad, les expongo los derechos contenidos en la Carta Universal de los Derechos Humanos, que parecen desconocer, pues este escenario despótico es añejo, viniendo desde muy atrás.

Art. 29:

1-Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que solo en ella puede desarrollarse libre y plenamente.

2-En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás y de satisfacer las justas exigencias de la moral, el orden público, y del bienestar en una sociedad democrática.

Art.24- Toda persona tiene derecho al descanso y disfrute de su tiempo libre.

* Columnista de El Diario de Hoy.