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El llamado de Cristiani…

Quienes deban responder por la ilicitud de sus actos no pueden esperar a que la justicia los ignore. Los que interpretan el reclamo de Cristiani de manera diferente se equivocan.

Lo más sensato que se dijo en ocasión de la muerte del expresidente Francisco Flores fue lo expresado por Alfredo Cristiani. El hombre que gobernó durante el quinquenio 1989 - 1994, que impulsó la paz y que lideró al partido ARENA entre 2009 y 2012, exigió un “alto a la confrontación política y a las venganzas”. Utilizó un campo pagado para que ninguna de sus expresiones se tergiversara o fuera interpretada maliciosamente. El ex mandatario intuye, como  de hecho lo vislumbramos algunos, que la fuerza destructiva de la confrontación socio-política se encuentra al borde de convertirse en “irreversible”. Por esa razón pide con vehemencia “recuperar el espíritu, actitud y compromiso que nos permitió ponerle fin al conflicto armado”. Cristiani reta a la institucionalidad del país para que la justicia no se utilice en función de objetivos políticos y rechaza la idea de continuar con revanchismos buscando al siguiente de la “lista de enemigos” al que se quiere “linchar”.

En 1996, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) cedió el poder al Partido Popular (PP). Felipe González dejó el cargo de presidente del gobierno que ostentó durante 14 años y entregó la estafeta al candidato del PP, José María Aznar. Una de las situaciones más polémicas durante la administración socialista fue el surgimiento de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Se trató de “grupos parapoliciales” a los que se acusaba de cometer crímenes en contra de miembros de la agrupación terrorista ETA. Se llegó a afirmar inclusive que a los GAL los financiaba el Ministerio del Interior español.

A Felipe González lo persiguieron las sospechas sobre el patrocinio de los GAL durante toda su administración. Cuando Aznar le sustituyó en La Moncloa fueron muchas las presiones para que se desclasificara la investigación sobre los GAL que se encontraba protegida por la figura de los “secretos oficiales”. Levantar la reserva era un requisito legal para iniciar el proceso penal. Aznar y su Consejo de Ministros acordaron que las pesquisas sobre los GAL mantuvieran el estatus en el que se encontraban. En otras palabras dispuso “no levantar alfombras sino abrir ventanas”. Dijo que “su posición no era la de conceder impunidad, sino sacar a España adelante”. Agregó que no lo eligieron para ajustar cuentas con nadie (…) Su tarea era otra: “acabar con el paro, el despilfarro y la corrupción”. Aznar reconoce que no quiso revanchas, aunque no pudo evitar que hubiera rencor por parte de aquellos que ansiaban ver a González tras las rejas. También aclaró que “no levantar alfombras” no implicaba una renuncia a replantear las funciones y la forma de trabajar de los servicios de inteligencia del Estado.

Desistir de los desquites y de las represalias políticas no significa promover el irrespeto al Estado de Derecho. Quienes deban responder por la ilicitud de sus actos no pueden esperar a que la justicia los ignore. Los que interpretan el reclamo de Cristiani de manera diferente se equivocan. Las investigaciones sobre enriquecimiento ilícito que realiza la Corte Suprema de Justicia deben continuar lo mismo que todos aquellos procesos en los que existan indicios de corrupción. Más bien se trata de una exhortación para que todas las fuerzas políticas dejen que las instituciones hagan su trabajo. Es una súplica muy sentida, alimentada por el deceso de Francisco Flores, para que nunca más se acose políticamente a ningún indiciado y por el contrario se respete el principio de inocencia establecido en la Constitución de la República.

A la política se le pide que sea capaz de resolver los problemas. Si no lo hace, simplemente nos encontramos frente a “malos políticos”. La exigencia de Cristiani, demandando que no se permita al Estado destruir la dignidad y los derechos de los ciudadanos, se dirige precisamente a que las fuerzas políticas reflexionen sobre las causas que aceleraron el fallecimiento de Flores. No hacerlo empaña su trabajo y les amenaza con ser víctimas de sus propias manipulaciones legales que cercenarían sus derechos, su buena fama y quizás hasta la vida. El reto es que la buena política, la que se orienta al logro del bien común, nos permita encontrar el camino de la reconciliación nacional.
 

*Columnista de 
El Diario de Hoy.