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En línea y ¿felices?

Cuanto más se involucran las personas en el mundo de las redes sociales, y específicamente en Facebook, su nivel de insatisfacción de la vida --de acuerdo a un reciente estudio--, va en aumento.

Es lo que muestran los resultados conjuntos de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Michigan, y de la Universidad de Leuven en Bélgica, de acuerdo con un artículo publicado recientemente por The Economist.

En dicho trabajo se establece una correlación según la cual, cuanto más una persona depende de Facebook, está menos satisfecha personalmente del modo en que vive su vida. Tiene lógica, pues si hay algo distinto de la vida real es lo que muchos de los usuarios de Facebook van subiendo periódicamente a la red social: fiestas, viajes, comidas, reflexiones más o menos divertidas (los pensamientos serios suelen ganarse poquitos "likes"), reuniones de fin de semana, etc. Facebook se ha convertido en una especie de escaparate de diversiones, que a fuerza de excluir todo lo demás, termina por hacer creer que la vida es así: se vive para divertirse y se trabaja porque no hay opción.

Con esas premisas ¿quién, acostumbrado a ver sólo el lado "alegre" de las vidas de los demás, no termina por pensar que su existencia es --de algún modo-- demasiado monótona, incluso desgraciada?

Según los datos, aquellos que usan excesivamente la red social reportaron una satisfacción de vida en descenso, en relación a los que utilizan Facebook de manera esporádica. Y la razón es que cuanto menos se tienen relaciones humanas "reales", las personas tienden a aumentar sus relaciones "virtuales", y entran en una espiral descendente en la que pretenden llenar ese vacío visitando más los perfiles de sus conocidos, robando tiempo y dedicación a las relaciones interpersonales.

El sexo de los voluntarios no tuvo influencia significativa en los resultados, ni tampoco el tamaño de su red de amigos virtuales, sí su edad. Lo que motivaba estados de soledad o de baja autoestima en los voluntarios que participaron en la investigación, era principalmente el número de veces que visitaban Facebook y el tiempo que le dedicaban.

El estudio no permitió concluir si socializar en Facebook tiene un efecto distinto que socializar personalmente, pero una investigación previa llevada a cabo en la Universidad Humboldt y el Instituto Técnico de Darmstadt, en Alemania, encontró que la emoción más frecuentemente despertada en los usuarios de Facebook --principalmente en quienes están en la segunda o tercera década de su vida-- fue la pura y simple envidia…

Facebook y las redes sociales, ya se sabe, pueden ser fabulosas herramientas; pero, como cualquier medio, podemos utilizarlas de manera equivocada. Y es lo que puede llegar a suceder si uno termina por estar convencido de que lo que ve en cualquier cuenta de Facebook: perfiles personales editados cuidadosamente, o fotos y documentos subidos a la Internet de manera irreflexiva por sus protagonistas, es la vida tal cual. Por no abundar en los que sufren la necesidad de estar subiendo a la Red versiones ideales de sí mismos que, irremediablemente, van separándose cada vez más de la realidad, y alimentando un ego voraz e insaciable.

La esperanza es que quienes ya pasamos el ecuador de la vida, seamos capaces de lidiar mejor con el éxito ajeno (al menos la apariencia del éxito), y que nuestra propia experiencia de vida nos haga capaces de contextualizar lo que vemos en la red social, dando su adecuada importancia a la avalancha de fotos, comentarios y opiniones que se encuentra uno con, simplemente, abrir Facebook y asomarse un rato por allí.

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org