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“Life Journey”

No se puede continuar ignorando el muy bajo impacto de programas supuestamente vinculados a la educación y la salud que no mejoran éstas, y no reducen la violencia que rodea a muchas de nuestras escuelas públicas

En los últimos días hemos conocido nuevas cifras y estadísticas referentes a nuestra realidad. Cifras que nos impactan y que nos obligan a cuestionar lo que no hacemos para intentar cambiarlas. No basta con declarar cifras promedios de mejoras en los objetivos de desarrollo a nivel nacional. Estas cifras esconden realidades y reflejan el talón de Aquiles para el avance hacia un país en donde sus ciudadanos puedan encontrar las oportunidades que les permitan realizarse a plenitud como seres humanos.

En El Salvador, nuestro país, cuatro de cada diez niños viven en hogares pobres, 1.4 por ciento, menores de tres años, tiene acceso a educación inicial y,  únicamente la mitad de los menores a quien le corresponde ir a educación parvularia la recibe según datos de UNICEF.  Otras cifras aterradoras son los 15,700 partos de niñas y adolescentes entre enero 2014 a agosto de 2015, siendo un porcentaje importante “producto de la violencia”, según datos del Ministerio de Salud. La mayoría de estas menores embarazadas abandonaron la escuela, por rechazo social. Del total de víctimas de homicidios, nueve de cada diez son hombres y la mitad son menores de 30 años. A pesar de que la mayoría de las víctimas son hombres, los homicidios de mujeres se incrementaron en 50%, comparado con el año anterior según datos de la policía y el PNUD. 

Esta vista rápida de cifras que denotan algunas de las barreras que enfrentan nuestros ciudadanos, no es más que el reflejo de una falta de atención de las prioridades que son fundamentales para garantizar la libertad y  los derechos básicos de todo ciudadano  y, sobre todo, para construir un país productivo . No me refiero a nuestros “hermanos”, a los “pobres”,  o a los “marginados” sino que me refiero a los ciudadanos con derechos y deberes.  

Es de amplio conocimiento que la inversión en la edad inicial tiene los más altos retornos que en cualquier otra edad, ya que es crítica para el desarrollo normal de un ser humano, como son la buena nutrición, la estimulación temprana y el cuido en un ambiente seguro. La falta de atención en esta etapa contribuye a perpetuar las inequidades a lo largo de la vida de estas personas. Igual se puede hablar de los adolescentes y los jóvenes, a quienes hay que  brindar una educación básica y vocacional en un ambiente seguro que les permita no solo formarse en lo que desean, sino también poder insertarse en el mercado laboral y tener la oportunidad  de un trabajo digno.

Partamos de nuestra responsabilidad como familia, comunidad y Estado para asegurar el “life journey”, el desarrollo vital e integral de cada ciudadano, donde en cada etapa de su vida no tengan que enfrentar estas barreras, muchas ahora insuperables y, más bien, tengan el acceso a oportunidades para su desarrollo.  Para ello el papel del Estado es primordial para asegurar el marco jurídico adecuado, ejecutar políticas que respondan a estas prioridades y mantener la seguridad pública. Como ejemplo, la inversión en educación inicial y parvularia es ridícula, y es porque no constituye prioridad. Así de simple, y así nos va. ¿Preguntémonos sinceramente si  contribuye al desarrollo cognitivo del niño un par de vasos de leche semanales, o el objetivo es abrirle un mercado a los pequeños ganaderos? ¿El programa de uniformes, impacta en la calidad de la educación, o es para darle trabajo a la microempresa? ¿No sería mejor asegurar que el 100 por ciento de los menores de cinco años tuviera acceso a educación inicial y parvularia? Para los ganaderos y las microempresas hay seguramente otro tipo de políticas que pueden implementarse  sin ser  a costa de nuestros niños y de nuestro futuro. No se puede continuar ignorando el muy bajo impacto de programas supuestamente vinculados a la educación y la salud que no mejoran éstas y no reducen  la violencia que rodea muchos de nuestras escuelas públicas. Ya es hora de que los salvadoreños, al nacer, tengamos delante de nosotros un “life journey” de esperanza y oportunidades y no un viaje que sea, para una parte importante de nuestros conciudadanos, la crónica de un fracaso anunciado.

*Columnista. Investigadora invitada, Universidad de Harvard. 
@cavalosb