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Libertad, tolerancia y sus límites

Se ha escrito mucho, talvez demasiado, sobre la masacre de los periodistas de la revista satírica Charlie Hebdo. Y me entristece ver que gran parte de ello son comentarios emocionales, superficiales y solidarizándose sin restricciones ---"Yo soy Charlie"--- con esa revista y sus redactores. De todo lo que he podido leer, las opiniones que me parecen mas acertadas vienen precisamente desde la misma Francia.

La revista L'homme nouveau ha escrito: «Yo no soy Charlie. La libertad de expresión y la libertad de prensa no dan derecho a insultar, despreciar, blasfemar, a pisotear o burlarse de la fe o de los valores de los ciudadanos, ni a atacar de modo sistemático a las comunidades musulmana o cristiana. No, yo no soy Charlie y nos choca ver a Mahoma como una boñiga con turbante o a Benedicto XVI sodomizando niños. No es cuestión de tolerancia o librepensamiento: el insulto es una violencia».

Una libertad humana sin restricciones ni de opinión ni de acción, es una monstruosidad. Sigue siendo vigente aquel grito de la dama francesa camino de la guillotina: ¡Libertad, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre! Los límites los marca el respeto al prójimo y a sus derechos. Existen en Europa, y fuera de ella, leyes y tribunales para velar por los derechos humanos y contra las opiniones delictivas. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha declarado en varias sentencias que esas limitaciones están justificadas por el Convenio Europeo de Derechos Humanos..

Y precisamente, Henri Roussel, uno de los fundadores de Charlie Hebdo se ha atrevido, en mi opinión muy acertadamente, a escribir en Le Nouvel Observateur, que Stéphanie Charbonnier (Charb), director de ese semanario satírico, quien murió en el ataque, arrastró a su equipo a la muerte por "exagerar" las caricaturas. Russel, critica la escalada de provocación en la que había entrado el semanario. Las oficinas del Charlie Hebdo fueron incendiadas por unos encapuchados, tras haber publicado, en 2011, una portada que se burlaba de Mahoma y de la ley islámica. "No debería haberlo hecho, pero Charb lo hizo de nuevo un año más tarde, en septiembre de 2012". La matanza fue repugnante y condenable sin limitaciones. Nunca es justificable contra la violencia del insulto responder con la violencia del crimen. Pero ¿acaso no sabían el riesgo de muerte que corrían? Esas caricaturas de Charlie fueron de una imprudencia temeraria tremenda, casi suicida.

Los que apoyan actitudes como las del Charlie, porque creen ver valentía en su libertad y abogan por una tolerancia absoluta, son unos ingenuos o unos hipócritas. Dudo mucho que nadie, incluyendo a los de Charlie, se atrevan a burlarse, incluso con menor grosería insultante, de una sinagoga, de los judíos de Israel o de la avaricia de algunos judíos capitalistas. Y mucho menos se atreverían a burlarse, mínimamente, de los homosexuales.

O sea que sus insultos y su tolerancia, saben muy bien contra quienes pueden hacerlo y contra los que no.

La perla negra de la tolerancia sin límites la hace el inefable Carlos Alberto Montaner con estas palabras para el bronce: Educar para la tolerancia es educar para la duda y el escepticismo. Lo que nos matan son las certezas y las verdades absolutas. Hay que huir de ellas como de la peste. Curioso: habla en plural -nos matan- y con un tono imperativo de verdad absoluta.

De nuevo el caso del relativista "que se ahorca con su propia cuerda verbal". Si lo que propone para todos, no es verdad, entonces no tiene ningún valor. Además debería pensar quiénes son los que se drogan, los que no encuentran sentido a la vida, los que terminan suicidándose. No es la gente que vive de certezas religiosas o morales. Por el contrario son precisamente los relativistas, los escépticos, los que huyen de toda certeza firme y de toda regla moral universal, los "tolerantes" intolerantes contra toda verdad, esos son los que terminan hastiados de sus vidas sin valores absolutos.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com