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Leopoldo López o el valor de resistir

Si algo aprenden rápido quienes luchan contra regímenes despóticos es a resistir los embates del opresor.

Según relató la periodista del diario El Nacional que estaba  presente en el Palacio de Justicia, Leopoldo López se mostró sereno cuando la jueza Susana Barreiros leyó su veredicto: el opositor venezolano era condenado a trece años, nueve meses y doce horas de prisión por cuatro delitos, responsabilizándolo de incitar a los actos violentos que en febrero de 2014 causaron más de cuarenta muertes en manifestaciones de la oposición contra el chavismo.

Cuando la jueza abandonaba la sala se escuchó a la esposa de López, Lilian Tintori, gritar “Injusticia”. Al cabo de más de un año y medio desde que su pareja se entregó a las autoridades y fue encarcelado en la prisión militar de Ramo Verde, esta mujer menuda pero tenaz ha pasado a ser una incansable activista de la causa del líder de Voluntad Popular y de toda la oposición que busca salidas a la pesadilla de la revolución bolivariana. Al sentir el mazazo de la (in)justicia venezolana, comprendió que podría pasar mucho tiempo antes de que su marido vuelva a abrazar a sus dos hijos fuera del encierro de la prisión. 

Si algo aprenden rápido quienes luchan contra regímenes despóticos es a resistir los embates del opresor. La piel del disidente se endurece porque es la única manera de soportar los golpes físicos y sicológicos, cuyo fin es arrancarle la dignidad al individuo. Leopoldo escuchó su condena y tragó en seco, jurándose que saldría del juicio con la frente bien alta. La lacia melena de Lilian se agitó por un instante y de su garganta escapó el clamor de “injusticia”. Sólo fueron unos trémulos segundos antes de volver a las calles para asegurarles a quienes los apoyan que la lucha continúa y que el preso de Ramo Verde está convencido de que será el pueblo quien lo libere de los grilletes del chavismo. El próximo paso de esta cruzada son los comicios del 6 de diciembre. Sin duda, serán una prueba de fuego para el desgastado gobierno de Nicolás Maduro y para la propia oposición, acorralada y al límite de sus fuerzas.

Los abogados de Leopoldo López podrán apelar, pero a estas alturas el poder judicial no puede ocultar que es un títere del Ejecutivo. Hasta el último momento hubo quienes albergaron esperanzas de que López, víctima de un juicio plagado de flagrantes irregularidades, sería absuelto por falta de pruebas concluyentes, pero se trató de un espejismo que negaba la naturaleza perversa de las autocracias. En realidad el anuncio de este aciago 10 de septiembre fue el desenlace de una sentencia anunciada y no hay motivos para creer que se hará justicia mientras Maduro y sus narcogenerales estén en el poder. 

Casi catorce años entre rejas es mucho tiempo incluso para un hombre joven y lleno de vitalidad como Leopoldo López. Es difícil saber si antes de entregarse midió su fortaleza en caso de que se eternizara su estancia en el presidio político. Unos de sus libros de cabecera en la celda es El largo camino hacia la libertad de Nelson Mandela. Me pregunto si también ha leído Un día en la vida de Iván Denisovich, de Alexandr Soljenitsin, Cartas a Olga, de Vaclav Havel, o No tengo enemigos, no conozco el odio, del Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, a quien en 2009 el gobierno comunista chino condenó a once años de prisión. Textos imprescindibles de supervivientes de gulags políticos para trascender el horror del día a día y no perder de vista el valor de la resistencia frente a la servidumbre de quienes, como en su día dijo Havel, se convierten en “tuercas y tornillos de una maquinaria monstruosamente enorme, ruidosa y pestilente”.

 Son palabras que el recordado disidente checo pronunció  en 1990, al asumir la presidencia tras haber pasado  años en prisión y la mayor parte de su vida perseguido por el gobierno comunista. En aquel momento el reconocido escritor y activista proderechos humanos lanzó una incómoda y necesaria pregunta: “¿Cuánto de silencio y de complicidad tuvo que haber en el pueblo para que el sistema totalitario se perpetuara cuatro décadas?”.

¿Les llegará el día a Leopoldo López y a los venezolanos de su Revolución de Terciopelo? Ya han pasado más de quince años y podrían transcurrir otros catorce en la más completa oscuridad. [©FIRMAS PRESS]
 


*Twitter: @ginamontaner.