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El león adormecido y las estrategias de la jungla

EEl Salvador atraviesa una larga noche en la que, como se relata en una inolvidable canción de una película de Disney, el león se encuentra adormecido en medio de la jungla. Como si los ciudadanos nunca fueran a despertar, la clase política está decidida a utilizar estrategias carnívoras que se apartan de la legalidad y le dan la espalda a un mejor futuro. Las siguientes líneas desarrollan a grandes rasgos una de las estrategias de la jungla, la del poder de turno.

La estrategia del FMLN es la misma que ARENA empleó durante varios años: provocar la aversión al oponente en lugar de exponer sus propios méritos. Así las cosas, al Frente no le conviene debatir sobre la pobre inversión en educación pese al oneroso gasto en programas populares pero poco efectivos como la entrega de paquetes escolares. Tampoco le favorece debatir sobre el alarmante declive de la economía, el estado actual de la criminalidad o su actuación en contra del estado de derecho y la justicia constitucional. Sin embargo, a la clase media sí le interesan estos temas; tanto le interesan, que en 2012 se castigó al FMLN y en sus bastiones históricos del Área Metropolitana de San Salvador se perdió un número sustancial de votos y por ende de alcaldías. ¿Qué ha cambiado desde aquella elección? Una pieza muy importante, el presidente Funes.

El principal militante del continuismo es ahora el presidente de la República. Que el artículo 218 de la Constitución prohíba a los funcionarios el prevalecerse de sus cargos para realizar política partidaria no detuvo al gobernante de publicitar, en repetidas ocasiones, 50 segundos en televisión para pedir cinco años más del FMLN. Si la estrategia es encender el rechazo al adversario, la táctica es, bajo la vocería del mandatario, la de enarbolar la bandera de la corrupción contra funcionarios del pasado para tapar los agujeros del presente (con la colaboración de diputados, Fiscalía y Corte de Cuentas). Ojalá que los indignantes $15 millones –o más– de Taiwán motiven a que se haga justicia y se encarcele a todos los corruptos de todas las administraciones. Ahora bien, si estos $15 millones –o más– van a servir como excusa para no discutir la problemática socioeconómica, El Salvador está condenado al subdesarrollo. Y es que al contar con leones adormecidos poco importa si se gobierna bien o mal, lo único importante es que no quede el otro. De allí que ya se escuche el "no quiero votar por el FMLN, pero prefiero eso a que vuelva ARENA", bastante similar al voto resignado que alimentó la inmovilidad de la derecha por tanto tiempo.

En medio de este ruido, los activistas partidarios prefieren no cuestionar y el hartazgo de muchos ciudadanos cede al conformismo de votar por el mal menor, si es que votan. A ello se agrega una triste realidad: quienes cuestionan estos métodos antidemocráticos son tildados inmediatamente de "areneros" por los enemigos del debate. Sin pensarlo, estas personas siguen la misma conducta de aquellos fanáticos que etiquetaban de "comunistas" a los críticos de la derecha. Mientras el león siga adormecido, la jungla salvadoreña no conocerá el día y continuará siendo un lugar de mediocridad y hambre. La historia lo confirma.

Faltó el grito de muchos cuando en el siglo XIX se implementaron reformas "liberales" a medias sin invertir en educación y extendiendo privilegios, como si el gobierno fuese una mercancía. Faltó el grito de muchos en las décadas posteriores cuando se subsidió sostenidamente un negocio tan fluctuante, como el del café, sin reinvertir sus ganancias en inversión social, tecnología o apuestas más astutas. Faltó el grito de muchos cuando el militarismo cerró los espacios de participación a salvadoreños que pensaban diferente. También faltó el grito de muchos cuando, ya en tiempos de paz, se abandonó aquel espíritu del '92 por consolidar la institucionalidad democrática. Y ahora que la izquierda llegó al poder, resulta que varios de los habituales gritones que lucharon contra el autoritarismo continúan silenciosos ante claras violaciones constitucionales.

El león debe despertar. La población debe terminar su sueño letárgico y hablarle fuerte a quienes creen tener el poder. De lo contrario, esta jungla de abusos, impunidad y pobreza jamás conocerá la luz.