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Lecciones de elecciones

Ojalá que de Guatemala tomemos además del ejemplo de una ciudadanía activa, la urgencia de una renovación de la clase política

Latino América acaba de ser escenario de diferentes eventos electorales: las dos vueltas en las elecciones presidenciales guatemaltecas y la primera vuelta de las elecciones argentinas. Ambas, aunque con poco que comparar entre sí, dejan interesantes lecciones que un país como El Salvador, que tanto trabajo tiene en el terreno de la construcción de una estabilidad democrática, puede aprovechar.

Las recientes elecciones de Guatemala acaban de demostrar que cuando todas las opciones son malas, la victoria electoral de un comediante con un historial de chistes racistas y escasa preparación en el ramo de la administración pública, es casi un respiro de aire fresco. Casi, porque sin duda alguna la ciudadanía guatemalteca merece mucho más. Demostraron con el tesón de sus incansables manifestaciones pacíficas que la participación y auditoría ciudadana son elementos necesarios para el combate a la corrupción y la facilitación del actuar de la justicia. Ojalá a corto plazo, con ese mismo tesón auditen al presidente electo para encaminar su administración desde un principio en un rumbo en el que como mínimo, se respete el Estado de Derecho. Y a largo plazo, ojalá que de los líderes que generaron una fuerza política al organizar manifestaciones pacíficas que les ganaron atención internacional, salgan futuros políticos que le den a la ciudadanía el gobierno que su patriotismo demostrado merece.

Mientras en Guatemala los resultados electorales nos dejaron moraleja (cuidado, ciudadanía, que si el activismo no se traduce en un relevo de la clase política, el status quo se mantendrá por los siglos de los siglos), es posible que la segunda vuelta que se viene en Argentina nos deje un final feliz. 

Ya sea que gane Mauricio Macri o Daniel Scioli, lo que se viene es el principio del fin del kirchnerismo, que erosionado, venía tosiendo sus debilidades desde que en 2013 se bloqueara la reforma constitucional que le habría impedido a Cristina Fernández de Kirchner (CFK). Si, cierto: Scioli fue escogido vía dedazo de la mismísima CFK, pero es un Scioli para quien, como explicara en su columna en El País el académico argentino Héctor Schamis, una victoria representaría de todos modos una derrota, pues dejándose escoger borró la imagen de moderado independiente que había intentado cultivar, y más bien se hicieron claros y aparentes los hilos de marioneta que lo amarran al actual régimen.

Más emociona de la elección argentina que Mauricio Macri, de la coalición “Cambiemos”, ha dado señales de respetar el Estado de Derecho y los límites constitucionales al poder a los que tan alérgica parecía Cristina Fernández de Kirchner y sus pares en Bolivia, Ecuador y Venezuela. Es esto último lo que podría traer un aire fresco a la región entera: una reconquista de los derechos constitucionales que ALBA y su club de fans han reinterpretado a su antojo. Como dijera Leopoldo Martínez Nucete, ex congresista venezolano radicado en Washington DC, la posibilidad de cambio en la Casa Rosada argentina podría implicar un terremoto con réplicas en Caracas. 

Macri ha anunciado que de llegar al poder abogaría ante el régimen de Maduro por la liberación de Leopoldo López, preso político del régimen chavista desde febrero de 2014. Y es que alguien debe hacerlo: el silencio desde la Casa Rosada ante las violaciones a los derechos humanos que se están volviendo habituales en Venezuela raya en la complicidad. Este gesto también indica que un triunfo de Macri agregaría un temblor más a la lista de elementos que, como la caída de los precios de los commodities, ya debilitan al ALBA. 

En El Salvador, las elecciones presidenciales --para bien o para mal-- están todavía lo suficientemente lejos como para las lecciones del hoy queden en riesgo de ser desaprovechadas. Sin embargo, ojalá que de Guatemala tomemos además del ejemplo de una ciudadanía activa, la urgencia de una renovación de la clase política. Y de Argentina, que sepamos ver que “el cambio” solo es bueno si viene acompañado por una inclinación al respeto de la constitución y el Estado de Derecho.

*Lic. en Derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.
@crislopezg