Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Las venas abiertas de la América Latina

Si América Latina quiere desarrollarse, tiene que darse cuenta de que si, como dicen los comunistas, es cierto que hay “venas abiertas en la América Latina”, el desangramiento de esas venas lo causan estos grupos

En este año, con dos décadas y media de retraso, se cayeron los últimos terrones del gigantesco edificio del comunismo que colapsó el siglo pasado en el resto del mundo con la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética. En un solo año han colapsado los dos terrones principales de la ya muerta ideología, Cuba y Venezuela. De los dos países que fueron sus principales aliados en el avance del así llamado Socialismo del Siglo XXI, Argentina y Brasil, el primero ya ha sacado a dichos aliados del poder y el segundo está en el proceso de hacerlo. Otros dos, Ecuador y Bolivia ya van por el mismo rumbo. De todo los países entregados a Alba solo van a quedar dos terroncitos, Nicaragua y El Salvador. Nicaragua seguro ya se va a zafar. 

El atraso con el que se ha dado el colapso de estos últimos terrones es un indicador del atraso general de la región, que siguió dando importancia a una doctrina que en todo el resto del mundo fue descartada hace ya tanto tiempo por su destructividad innata. Los países que fueron comunistas, fueron grises y mediocres durante todos esos años y sufrieron terribles masacres organizadas por los comunistas para imponer su ideología (entre otros más de 25 millones de muertos en la Unión Soviética, 70 millones en China, 4 millones en Camboya y Corea del Norte, un millón en Europa Oriental). Hoy, estos países han florecido en libertad en todos los órdenes de la vida humana. Por dos décadas y media, partidos y países en Latinoamérica siguieron propugnando doctrinas que nadie más tomaba en serio. Por eso, en el escenario mundial, eran terrones nada más. 

El desastre que el comunismo ha dejado en Cuba, en donde fue aplicada en su totalidad la Dictadura del Proletariado (cero propiedad privada; el poder totalmente concentrado en los jerarcas del Partido Comunista, llamados la vanguardia del proletariado; la represión de cualquier manifestación de la democracia), y en Venezuela, en donde se avanzaba hacia este sistema ha sido comparable en términos materiales al desastre que los comunistas dejaron en Rusia y sus satélites, y en China hasta el momento en el que adoptaron el capitalismo. Cuba, que cuando Fidel Castro subió al poder en 1959 era el país más avanzado de Latinoamérica, ha sufrido por casi sesenta años privaciones que ningún otro país ha sufrido en la región. Y estas privaciones han sido como un lujo para Cuba. Ni eso hubiera podido tener si no se hubiera convertido en un Estado parásito de la Unión Soviética, y luego del petróleo de Venezuela. La gente que deja el comunismo en Cuba sigue viviendo en la miseria, con la excepción de los jerarcas del Partido Comunista. 

En Venezuela no pudieron hacer todo lo que hicieron en Cuba pero hicieron mucho daño. Económicamente, dilapidaron los enormes beneficios del boom de los precios del petróleo, que duró por una década y que, invertidos juiciosamente, hubieran impulsado un verdadero desarrollo. En vez de eso, el dinero se fue en subsidiar el régimen comunista en Cuba y en corromper Venezuela y Latinoamérica con la compra de voluntades en un sistema continental de servilismo político que convergía en Caracas. Después de haber tenido ingresos adicionales de cientos de miles de millones de dólares por una década, Venezuela está otra vez en la miseria. Todo ese dinero se fue para satisfacer las vanidades de un grupo pequeño de ególatras. 

El comunismo en Latinoamérica no ha sido diferente del caudillismo arcaico que ha destrozado a la región desde su independencia. Chávez, los hermanos Castro, Maduro, no son diferentes de Somoza, Trujillo y tantos otros. 

Si América Latina quiere desarrollarse, tiene que darse cuenta de que si, como dicen los comunistas, es cierto que hay “venas abiertas en la América Latina”, el desangramiento de esas venas lo causan estos grupos que usan las ideologías radicales para insertarse como parásitos y quitarle los recursos al pueblo para satisfacer sus ambiciones personales. Esto no terminará hasta que Latinoamérica entienda que el desarrollo requiere trabajo duro e inversión en capital humano, y que las promesas de riquezas instantáneas son sólo trucos usados por estafadores políticos para explotar al pueblo. 

*Máster en Economía,
Northwestern University.
Columnista de El Diario de Hoy.