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A las puertas de una nueva conquista

De las tres religiones monoteístas, el Islam es la de mayor crecimiento; si bien el judaísmo mantiene su influencia en el mundo y el avance del cristianismo no se detiene, el Islam pretende imponerse como la religión dominante de la Tierra.

En los últimos 25 años el número de musulmanes ha aumentado considerablemente a nivel mundial. Si para 1973 eran solo 500 millones, hoy día rondan los 1,500 millones. Se dice que uno de cada cuatro personas es musulmana, por lo que según esta tendencia, en pocos años el Islam puede llegar a convertirse en la religión más numerosa del planeta.

Aunque la proyección es convertir al Islam a todo el mundo, por ahora Europa va a la cabeza. Por ejemplo, Francia admite que su población no decrece, gracias a la cultura de procreación musulmana. En Gran Bretaña ocurre lo mismo, mientras que en Holanda un tercio de los nacimientos es de origen musulmán. En Rusia hay más de 23 millones y en Austria, uno de cada tres habitantes será musulmán en menos de una década. Curiosamente en Amsterdan es donde más niños nacen con el nombre de Mohamed que con nombres autóctonos de su cultura.

En América Latina la situación no es muy distinta. Si bien, la presencia musulmana se inicia con la conquista, no fue sino hasta mediados del siglo diecinueve que mediante fenómenos migratorios, el continente fue influenciado con esta religión. Jóvenes procedentes de Líbano, Siria y Turquía huyeron del régimen otomano y muchos se asentaron en países como Brasil, Argentina, Colombia y Venezuela, entre otros. A mediados del siglo veinte se produjo otra oleada migratoria que cruzó el Atlántico por los conflictos suscitados en el Medio Oriente, y muchos países del continente recibieron migrantes que procedían de latitudes musulmanas.

Aparte de estos incidentes que han favorecido el crecimiento del Islam en nuestro continente, se suman otros factores. Las condiciones de extrema pobreza, desempleo y marginación social le ha servido para ganar adeptos, pues ayudados por países ricos pueden atender a necesidades de la población. Los musulmanes proveen a los nuevos convertidos una ayuda que no reciben de sus gobiernos, les ofrecen un mundo mejor en donde quien los abandonó será derrotado por el Islam.

El ascenso al poder político de ideologías populistas en el continente ha favorecido al Islam. Muchos líderes políticos de la región ven en su oposición a los intereses norteamericanos e israelíes una causa común con los regímenes totalitarios del mundo árabe, les es más fácil acercarse a dictaduras mayores que a naciones democráticas. Esto ha venido a acentuar más el sentimiento antisemita en el continente.

La participación en política de sus miembros es otro factor que favorece su expansión. Como ejemplo de esto, Carlos Menem en Argentina de origen sirio; Carlos Roberto Flores Facussé de Honduras; Tony Saca en El Salvador y el primer ministro de Belice, Said Musa, todos de origen palestino, llegaron a los primeros cargos públicos en sus respetivos países. Mientras los cristianos han satanizado la política, los musulmanes buscan incursionar en ella para alcanzar sus fines.

El Islam no es solamente una religión, es una ideología política, una forma de vida que impone sus reglas a todos sus fieles. La conversión al Islam no es opcional, es una obligación según su filosofía doctrinaria. Por ignorancia o por simple interés cualquiera puede sumarse, sin saber que es una ideología que desplaza la poca libertad que aún se tiene; porque de ahí en adelante se les impone lo que deben o no deben hacer, cómo vestirse, comer y pensar; ni se diga que el Islam considera como una traición grave el desertar de sus filas.

Sin el ánimo de presentar una postura de islamofobia o de antimusulmanismo, exhorto a todos aquellos que amamos la libertad y el progreso a partir de la iniciativa personal, que alcen su mirada al mundo y vean las persecuciones a cristianos por parte de grupos radicales del Islam.

*Pastor General de Iglesia Shekina.